LA INQUISIDORA

LA INQUISIDORA Sólo mencionar su nombre dicen que hacía temblar al más aguerrido de los mozos, y no sin razón, pues Isabel Sánchez, a la que en la villa de Chillón dieron en llamar la Inquisidora, es probablemente uno de los mejores ejemplos de la locura sanguinaria que un fanatismo religioso desmedido puede provocar, dejando una huella tan dolorosa y profunda en una sociedad para ser recordada “per secula seculorum”.Esta Isabel, vecina de Chillón, y que se hizo grabar en el escudo, que aún se conserva en la que fuera su casa, la divisa: “No es lícito gloriarse sino en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo” , creyó que sólo sobre ella recaía la misión divina de limpiar el pueblo de Chillón y su aldea de Los Palacios de Guadalmez, de todos aquellos judíos conversos, que aunque habían abrazado la única fe verdadera, a la fuerza, seguían practicando sus ritos herejes. Imbuida en la certeza que sólo puede proporcionar la intolerancia, marchó un día a Córdoba a denunciar ante el Santo Oficio a todos aquellos convecinos suyos con los que convivió y a los que trató durante años, y que según su criterio vulneraban la ortodoxia cristiana.¿El resultado de su hazaña? La presencia de un Inquisidor en Chillón que prendió a un gran número de conversos, los cuales fueron conducidos a Córdoba y en el Auto de Fe celebrado un 23 de febrero de 1501, martes de Carnaval, entregados, casi un centenar de ellos, al fuego purificador. El matrimonio de Isabel de Castilla y de Fernando de Aragón, consiguió lo que desde Alfonso VII, muchos monarcas hispanos habían soñado, la unificación de todos los Reinos de la Península Ibérica bajo una única Corona. Con los Reyes Católicos nace España y esa unificación política, para subsistir, necesita también de otro tipo de unificaciones: lengua, derecho, religión…, y es a esa labor de homogenización a la que se va a dedicar con esmero la católica Reina y a la que responde la recuperación de los viejos tribunales medievales de la Inquisición como instrumentos para velar por la ortodoxia de la única religión verdadera, en unos reinos, donde durante siglos habían convivido las tres grandes religiones monoteístas: cristianos, judíos y musulmanes.Una nueva Inquisición rescatada por los Reyes Católicos que va a estar bajo su control y dirección, y no ya dirigida desde Roma, gracias a la bula que otorga el Papa Sixto IV el 1 de noviembre de 1478, dando a los monarcas hispanos, tanto el poder para nombrar a los inquisidores como para poder llevar a cabo confiscaciones, tan necesarias en las Arcas de la Corona para poder sufragar la belicosa política interior y exterior de sus majestades.	En el año de 1482, este Tribunal se pondrá en marcha en el Reino de Córdoba, y ya en 1487 se producirán las primeras confiscaciones de bienes, en la villa de Chillón, a aquellos vecinos que han incurrido en herejía . Este hecho, la temprana actuación del Santo Oficio en estas tierras, pone de manifiesto la importante comunidad judía y judeoconversa en la comarca, donde tendrán mucho que ver con la afamada industria de paños y algunos de sus miembros llegarán a ocupar puestos de relevancia en la administración del Señorío, como será el caso de Juan Farín, el viejo, mayordomo que fue del Alcaide de los Donceles, Don Diego Fernández de Córdoba, quien, junto a Alvar Gutiérrez de Ponce, se verán obligados a huir a Portugal por temor a las actuaciones de la Inquisición. Sus bienes, como no podría ser de otra manera, serán confiscados y dejados en manos de Doña Mayor de la Vega, señora de Cheles, a quien el 2 de marzo de 1492 le serán requeridos para que los entregue al receptor de la Inquisición. Tal era la importancia de esta comunidad de judeoconversos en la villa de Chillón, que los mismos pagaron en penitencia a la Inquisición, en el año 1489, 1.306.599 maravedíes, cifra que deja traslucir su alto número. No siempre la respuesta de los vecinos de Chillón, acusados de herejes, fue al igual que Juan Farín, tomar las de Villadiego, ya que en algunas ocasiones, los acusados plantaron cara al Tribunal y exigieron la devolución de sus bienes confiscados por falsa acusación, como sería el caso planteado por un grupo de ellos, en mayo de 1493, que apelarán al bachiller Álvaro de Yebra, inquisidor del Obispado de Córdoba, para que les fueran devueltos sus bienes. Pero el momento más crítico en esta persecución aún estaba por llegar. Parece ser, que en el vecino pueblo de Herrera, en tierras de Extremadura, una joven de nombre Inés Esteban, hija de un zapatero, comenzó a tener unas visiones en las que ascendía a los cielos para encontrarse con todos aquellos judíos que habían sido quemados en la hoguera por el Inquisidor Torquemada y ahora se hallaban rodeados de gloria y abundancia, y avisaba así mismo de la pronta llegada del Mesías, advirtiendo a todos los conversos de la necesidad de tornar de inmediato a la Ley de Moisés.	En la misma línea, una joven campesina de la villa de Chillón llamada María Gómez, contaba a todos aquellos que lo quisieran oír, que también ella había realizado un viaje al cielo y llamaba a todos los conversos a volver al judaísmo, si querían salvar sus almas. Por un lado, la Reina empeñada en que todos sus súbditos rezasen una misma oración, para lo cual, no reparó esfuerzos en bautizar masivamente a judíos y musulmanes, y por la otra, esos judíos conversos, queriendo regresar a la religión de sus mayores. Esto tenía que terminar mal, y sucedió que muchos de esos vecinos de Chillón, obligados a abrazar la Fe en Cristo, se dejaron conquistar por las promesas de María de alcanzar la Tierra Prometida si volvían a sus viejas creencias. Aquí parece que entra en escena la mencionada Isabel Sánchez, la Inquisidora, conocedora de las maravillas narradas por María y la aceptación que las mismas tienen entre muchos vecinos, y se encamina a Córdoba a dar noticia de lo acontecido. La Inquisición siempre le estuvo muy agradecida, ya que aquella información permitió llevar a cabo uno de los Autos de Fe más comentados de los acaecidos en Córdoba. El Inquisidor que se personó en la villa de Chillón, certificó las acusaciones de herejía y casi un centenar de vecinos fueron condenados a la hoguera un fatídico martes de Carnaval de 1501: “… Luego el día siguiente veinte y tres dias del dicho mes de febrero del dicho año sacaron a quemar sesenta y siete mugeres, todas naturales de las dichas dos villas de herrera y la puebla de Alcocer. Y dizese que alunas de ellas murieron en la fee cristiana, conociendo su error; las quales fueron afogadas antes que las quemasen.En esta sazón vino a nueva esta çibdad que en córdova avían quemado noventa y tantas personas, hombres y mugeres, naturales de la villa de chillón, que es en el obispado de córdova, los cuales fueron engañados por esta dicha moça…” El profesor D. Luis María Ramírez y las Casas-Deza, en 1840, ya abolido el Santo Tribunal de la Inquisición, narraba, en su Geografía Histórico-Estadística de la Provincia y Obispado de Córdoba, estos hechos de la siguiente manera: “...Por los años de 1494 había en Chillón y pueblos inmediatos muchos judios y conversos inficionados de heregía, y habiéndolo entendido Isabel Sánchez natural de esta villa pasó a Córdoba á delatarlos al recien establecido tribunal de la Inquisición, y á su instancia fue un inquisidor á Chillon que prendió á muchos y fueron castigados ejemplarmente; por cuyo hecho y por haber seguido la Isabel Sánchez haciendo inquisición y pesquisas para descubrir esta clase de delincuentes, fue muy honrada por el tribunal y llamada por el pueblo la Inquisidora...”. No terminaron con este macabro Auto de Fe las preocupaciones para todos aquellos que se desviaran de la Fe oficial, ya que el Tribunal del Santo Oficio no fue abolido hasta bien entrado el siglo XIX, y en otras varias ocasiones, los inquisidores pusieron los ojos sobre la escarnecida comarca, donde hacia 1577, el licenciado Francisco Gasca Salazar llevó a cabo una visita a Los Pedroches, acercándose entre el 28 de marzo y el 12 de mayo a Chillón y a su aldea de Los Palacios de Guadalmez , donde tuvo mucho trabajo, para pasar posteriormente al resto de las siete villas que componen el Valle. De aquella excursión se inculpó a 24 hombres y 17 mujeres, de entre los que sobresalían cuatro miembros del clero secular y otros cuatro franciscanos. "Guadalmez de manantial a río. Un paseo por su Historia". Mora Mesa, Carlos

LA INQUISIDORA
Sólo mencionar su nombre dicen que hacía temblar al más aguerrido de los mozos, y no sin razón, pues Isabel Sánchez, a la que en la villa de Chillón dieron en llamar la Inquisidora, es probablemente uno de los mejores ejemplos de la locura sanguinaria que un fanatismo religioso desmedido puede provocar, dejando una huella tan dolorosa y profunda en una sociedad para ser recordada “per secula seculorum”. Esta Isabel, vecina de Chillón, y que se hizo grabar en el escudo, que aún se conserva en la que fuera su casa, la divisa: “No es lícito gloriarse sino en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo” , creyó que sólo sobre ella recaía la misión divina de limpiar el pueblo de Chillón y su aldea de Los Palacios de Guadalmez, de todos aquellos judíos conversos, que aunque habían abrazado la única fe verdadera, a la fuerza, seguían practicando sus ritos herejes. Imbuida en la certeza que sólo puede proporcionar la intolerancia, marchó un día a Córdoba a denunciar ante el Santo Oficio a todos aquellos convecinos suyos con los que convivió y a los que trató durante años, y que según su criterio vulneraban la ortodoxia cristiana. ¿El resultado de su hazaña? La presencia de un Inquisidor en Chillón que prendió a un gran número de conversos, los cuales fueron conducidos a Córdoba y en el Auto de Fe celebrado un 23 de febrero de 1501, martes de Carnaval, entregados, casi un centenar de ellos, al fuego purificador.
El matrimonio de Isabel de Castilla y de Fernando de Aragón, consiguió lo que desde Alfonso VII, muchos monarcas hispanos habían soñado, la unificación de todos los Reinos de la Península Ibérica bajo una única Corona. Con los Reyes Católicos nace España y esa unificación política, para subsistir, necesita también de otro tipo de unificaciones: lengua, derecho, religión…, y es a esa labor de homogenización a la que se va a dedicar con esmero la católica Reina y a la que responde la recuperación de los viejos tribunales medievales de la Inquisición como instrumentos para velar por la ortodoxia de la única religión verdadera, en unos reinos, donde durante siglos habían convivido las tres grandes religiones monoteístas: cristianos, judíos y musulmanes. Una nueva Inquisición rescatada por los Reyes Católicos que va a estar bajo su control y dirección, y no ya dirigida desde Roma, gracias a la bula que otorga el Papa Sixto IV el 1 de noviembre de 1478, dando a los monarcas hispanos, tanto el poder para nombrar a los inquisidores como para poder llevar a cabo confiscaciones, tan necesarias en las Arcas de la Corona para poder sufragar la belicosa política interior y exterior de sus majestades. En el año de 1482, este Tribunal se pondrá en marcha en el Reino de Córdoba, y ya en 1487 se producirán las primeras confiscaciones de bienes, en la villa de Chillón, a aquellos vecinos que han incurrido en herejía .
Este hecho, la temprana actuación del Santo Oficio en estas tierras, pone de manifiesto la importante comunidad judía y judeoconversa en la comarca, donde tendrán mucho que ver con la afamada industria de paños y algunos de sus miembros llegarán a ocupar puestos de relevancia en la administración del Señorío, como será el caso de Juan Farín, el viejo, mayordomo que fue del Alcaide de los Donceles, Don Diego Fernández de Córdoba, quien, junto a Alvar Gutiérrez de Ponce, se verán obligados a huir a Portugal por temor a las actuaciones de la Inquisición. Sus bienes, como no podría ser de otra manera, serán confiscados y dejados en manos de Doña Mayor de la Vega, señora de Cheles, a quien el 2 de marzo de 1492 le serán requeridos para que los entregue al receptor de la Inquisición. Tal era la importancia de esta comunidad de judeoconversos en la villa de Chillón, que los mismos pagaron en penitencia a la Inquisición, en el año 1489, 1.306.599 maravedíes, cifra que deja traslucir su alto número. No siempre la respuesta de los vecinos de Chillón, acusados de herejes, fue al igual que Juan Farín, tomar las de Villadiego, ya que en algunas ocasiones, los acusados plantaron cara al Tribunal y exigieron la devolución de sus bienes confiscados por falsa acusación, como sería el caso planteado por un grupo de ellos, en mayo de 1493, que apelarán al bachiller Álvaro de Yebra, inquisidor del Obispado de Córdoba, para que les fueran devueltos sus bienes. Pero el momento más crítico en esta persecución aún estaba por llegar.
Parece ser, que en el vecino pueblo de Herrera, en tierras de Extremadura, una joven de nombre Inés Esteban, hija de un zapatero, comenzó a tener unas visiones en las que ascendía a los cielos para encontrarse con todos aquellos judíos que habían sido quemados en la hoguera por el Inquisidor Torquemada y ahora se hallaban rodeados de gloria y abundancia, y avisaba así mismo de la pronta llegada del Mesías, advirtiendo a todos los conversos de la necesidad de tornar de inmediato a la Ley de Moisés. En la misma línea, una joven campesina de la villa de Chillón llamada María Gómez, contaba a todos aquellos que lo quisieran oír, que también ella había realizado un viaje al cielo y llamaba a todos los conversos a volver al judaísmo, si querían salvar sus almas. Por un lado, la Reina empeñada en que todos sus súbditos rezasen una misma oración, para lo cual, no reparó esfuerzos en bautizar masivamente a judíos y musulmanes, y por la otra, esos judíos conversos, queriendo regresar a la religión de sus mayores.
Esto tenía que terminar mal, y sucedió que muchos de esos vecinos de Chillón, obligados a abrazar la Fe en Cristo, se dejaron conquistar por las promesas de María de alcanzar la Tierra Prometida si volvían a sus viejas creencias. Aquí parece que entra en escena la mencionada Isabel Sánchez, la Inquisidora, conocedora de las maravillas narradas por María y la aceptación que las mismas tienen entre muchos vecinos, y se encamina a Córdoba a dar noticia de lo acontecido. La Inquisición siempre le estuvo muy agradecida, ya que aquella información permitió llevar a cabo uno de los Autos de Fe más comentados de los acaecidos en Córdoba. El Inquisidor que se personó en la villa de Chillón, certificó las acusaciones de herejía y casi un centenar de vecinos fueron condenados a la hoguera un fatídico martes de Carnaval de 1501:
“… Luego el día siguiente veinte y tres dias del dicho mes de febrero del dicho año sacaron a quemar sesenta y siete mugeres, todas naturales de las dichas dos villas de herrera y la puebla de Alcocer. Y dizese que alunas de ellas murieron en la fee cristiana, conociendo su error; las quales fueron afogadas antes que las quemasen.En esta sazón vino a nueva esta çibdad que en córdova avían quemado noventa y tantas personas, hombres y mugeres, naturales de la villa de chillón, que es en el obispado de córdova, los cuales fueron engañados por esta dicha moça…”
El profesor D. Luis María Ramírez y las Casas-Deza, en 1840, ya abolido el Santo Tribunal de la Inquisición, narraba, en su Geografía Histórico-Estadística de la Provincia y Obispado de Córdoba, estos hechos de la siguiente manera:
“…Por los años de 1494 había en Chillón y pueblos inmediatos muchos judios y conversos inficionados de heregía, y habiéndolo entendido Isabel Sánchez natural de esta villa pasó a Córdoba á delatarlos al recien establecido tribunal de la Inquisición, y á su instancia fue un inquisidor á Chillon que prendió á muchos y fueron castigados ejemplarmente; por cuyo hecho y por haber seguido la Isabel Sánchez haciendo inquisición y pesquisas para descubrir esta clase de delincuentes, fue muy honrada por el tribunal y llamada por el pueblo la Inquisidora…”.
No terminaron con este macabro Auto de Fe las preocupaciones para todos aquellos que se desviaran de la Fe oficial, ya que el Tribunal del Santo Oficio no fue abolido hasta bien entrado el siglo XIX, y en otras varias ocasiones, los inquisidores pusieron los ojos sobre la escarnecida comarca, donde hacia 1577, el licenciado Francisco Gasca Salazar llevó a cabo una visita a Los Pedroches, acercándose entre el 28 de marzo y el 12 de mayo a Chillón y a su aldea de Los Palacios de Guadalmez , donde tuvo mucho trabajo, para pasar posteriormente al resto de las siete villas que componen el Valle. De aquella excursión se inculpó a 24 hombres y 17 mujeres, de entre los que sobresalían cuatro miembros del clero secular y otros cuatro franciscanos.
“Guadalmez de manantial a río. Un paseo por su Historia”. Mora Mesa, Carlos