El Red Hospital de Mineros de Almadén: Génesis y florecimiento de un proyecto asistencial, 1752- 1809

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El Red Hospital de Mineros de Almadén:

Génesis y florecimiento de un proyecto

asistencial, 1752- 1809

SUMARIO

1 .-Introducción. El componente sanitario de la estrategia intewencionista en las Minas de

Almadén. 2.-Los detonantes de la crisis sanitaria de 1751. 3.-La propuesta de Hospital del

Superintendente Villegas. 4.-Financiación y construcción del Real Hospital de Mineros,

1752.1775. 5.-Auge y estancamiento del Real Hospital de Mineros.

RESUMEN

Las Minas de Almadén, propiedad de la Corona española, vivieron un impulso expansionista

de los niveles de producción de mercurio en los decenios centrales del siglo XVIII. Para

hacer frente al principal obstáculo de tales objetivos, la falta de trabajadores, debida, en buena

medida, a la extrema nocividad del proceso de obtención del azogue, los dirigentes de las

Minas desplegaron una amplia política intewencionista. Entre otras medidas se encuentra la

fundación, en 1752, del Real Hospital de Mineros, destinado específicamente a los operarios

de las Minas y sus familias. El hospital entró en funcionamiento en 1774 y desarrolló su mayor

actividad asistencial entre 1780 y 1809. Su contribución a los objetivos de las Minas fue posible

gracias a la disponibilidad de abundantes recursos económicos.

«iAspectable empeño el de Vuestra Red Magestad y el de la Naturaleza!

Esta en abreviar lastimosamente dentto de estos subterráneos de Cinabrio

sus días laboriosos a los Mineros, y Vuestro Poder amoroso en sanarles sus

dolencias, y prolongarles la vida. Este Red Hospital de Minas de Mercurio

Fecha de aceptación: 5 de junio de 19’30.

(*) Histona de la Medicina. Departamento de Anatomía Patológica e Historia de la Ciencia.

Facultad de Medicina. Avda. de Madrid 19, 18012 Granada (España).

DYNAMIS

Acta Hzspanzca ad Medzcznae Sczentzarumque Hzstonam ~llustrandam Vol. 10, 1990, pp. 93- 130.

ISSN: 021 1-9536.

ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO

es el Teatro, en que dislacerados los Mineros representan con viveza los no

oídos hasta aquí rigores, con que la Naturaleza los extenúa. Y el Mismo

Real Hospital es glorioso Teatro, en que a expensas de Vuestro Real Poder

se aniquilan los morbosos productos de los áspides minerales)) (1).

1. INTRODUCCZÓN. EL COMPONENTE SANITARIO DE LA ESTRATEGIA

INTERVENCIONISTA EN LAS MINAS DE ALMADÉN

La atención médica al trabajo, tanto en lo que a génesis de estudios específicos

sobre patología laboral se refiere como a la disposición de medidas

asistenciales, ha estado históricamente vinculada a la significación económica

de la actividad en cuestión. La minería es uno de los sectores productivos

que han concitado de manera preferente ambas iniciativas desde épocas

tempranas. La importancia comercial de los minefales, convertidos en combustible,

materia prima o elemento coadyuvante en una buena parte de los

procesos industriales, junto al efecto nocivo para la salud que generalmente

conllevaba la explotación de los yacimientos, otorgó a la minería este papel

preeminente. En el caso de las Minas de Almadén, las mayores productoras

de mercurio de todos los tiempos, los dos factores apuntados, significación

económica e insalubridad, alcanzaron una notoriedad determinante.

La trascendencia económica de las Minas de Almadén estuvo directamente

vinculada al destacado papel que adquirió el azogue en los ingresos

públicos españoles tras la invención, en 1555, del método de Bartolomé de

Medina para la obtención de metales de plata por amalgamación (2). Los

menores costes de esta técnica, la posibilidad de explotar yacimientos cuyo

(1) PARÉS Y FRANQUÉS, J. (1778) Catástrophe morboso de las Minas Mercuriales de la Villa de Almadén

del Azogue. Historia de lo perjudicial de dichas reales Minas a la Salud de sus Operarios: y exposición

de la Enfermedades corporales, y médico-Morales de sus Fossores, con la Curación respectiva

de ellas, Ms., 644 fols. (cita fols. 1 v.-2). El pasaje forma parte de la dedicatoria del autor

al rey Carlos 111, fechada el 16 de mayo de 1778.

(2) La trascendencia del azogue y su vinculación con la producción de plata en América ha

sido objeto de la atención de un nutrido grupo de estudiosos. Las generalidades incluidas

en este párrafo proceden de dos de los trabajos consultados: LANG, M.F. (1977) El

monopolio estatal del mercurio en el México colonial (1550-1 710), México, F.C.E., pp. 63-136 y

BAKEWELL, P.J. (1976) Minená y sociedad en el México colonial. Zacatecas 1546-1 700, México,

F.C.E., pp. 209-249. Un análisis reciente y detallado sobre la producción de Almadén

durante los siglos XVII al XiX, y del papel del mercurio en la Hacienda española en

DOBADO GONZÁLEZ, R. (1989) El trabajo en las minas de Almadén, 1750-1855, [tesis

doctoral, Universidad Complutense de Madrid], mecanografiado, pp. 68-188. .

El Real Hospital de Mineros de Almadén 95

bajo rendimiento desaconsejaba el laboreo por el procedimiento tradicional

y las reducidas necesidades de combustible, conmbuyeron a la rápida extensión

del método por las minas argentíferas de Nueva España y, más

tarde, del Virreino del Perú. La generalización de la arnalgamación como

procedimiento metalúrgico para el beneficio de las minas de plata arnericanas

convirtió al suministro de mercurio, bajo el control monopolístico de la

Corona española, en una de las piezas clave de la política financiera colonial.

El abastecimiento de la creciente demanda planteó, no obstante, numerosos

problemas a los responsables del monopolio. Tanto Almadén como

Huancavélica, las principales minas productoras de cinabrio propiedad

ambas de la Corona, se mostraron incapaces, en distintas fases de su historia,

de alcanzar los niveles de producción óptimos que garantizasen el adecuado

suministro a la pujante minería americana. En el origen de tales limitaciones

destacan algunas causas comunes a las dos explotaciones, como son

las frecuentes dificultades financieras y la persistente escasez de mano de

obra. Este último aspecto, afrontado con notables diferencias entre una y

otra mina (3), estuvo íntimamente ligado a una de las especificidades del

proceso productivo del mercurio, su insalubridad.

El plantel de testimonios que ilustran las penosas condiciones de vida y

trabajo a que se veían sometidos los mineros del cinabrio en Almadén resulta

abrumador. Puede decirse que, con excepción del naturalista Guillermo

Bowles, cuyo texto fue objeto de viva polémica (4), todas las comunicaciones

que trataron de la realidad laboral de Almadén incluían referencias a los

efectos perjudiciales del azogue sobre la salud de los mineros. Uno los observadores

más cualificados de esta realidad durante la segunda mitad del

siglo XVIII fue el médico José Parés y Franqués. Las aportaciones de Parés,

(3) En Huancavélica la mayor parte de las labores fueron efectuadas por trabajadores indígenas

forzados, los denominados mitnyos. Entre los autores que han prestado atención

a los efectos del trabajo en la mina sobre los mitayos cabe destacar el clásico estudio de

WHITAKER, A.P. (1941) The Huancavelica Merculy Mine. A Contribution to the Histoly of the

Bourbon Renaissance in the Spanish Empire, Westport, Greenwood Press, 150 pp. Más recientemente,

SALA CATALÁ, J. (1987) Vida y muerte en la mina de Huancavélica en la primera

mitad del siglo XVIII. Asclepio, 39, 193-204 y GOODMAN, D.C. (1988) Pou~er and

Penuly. Goverment, Technology and Science in Philip Ii’s Spain, Cambridge, University Press,

275 pp., quien también considera las condiciones de los mitayos empleados eii Potosí.

(4) BOWLES, G. (1 775) Introducción a la Historia Natural, y a la GeograPa Física de España, Madrid,

Imprenta F.M. de Mena, 535 pp. Las referencias a Almadén en pp. 5-34.

96 ALFREDO MENENDEZ NAVARRO

principalmente a través del Catástroph mo~boso de las Minas mercuriales de la

Villa de Almadén del Azogue y de innumerables informes elaborados a lo

largo de una dilatada dedicación asistencial en el Hospital de Mineros, constituyen

un testimonio de primer rango para el conocimiento de los riesgos

ocupacionales y de la patología profesional a que estaban expuestos estos

trabajadores (5). Más allá de la confluencia de numerosas opiniones cualificadas,

el estudio de la realidad socio-laboral del Establecimiento revela el

elevado peso específico que la morbilidad profesional jugaba en las relaciones

de producción. El binomio trabajo-enfermedad preside buena parte de

las disposiciones laborales que regían el proceso productivo del mercurio en

Almadén (6).

El análisis de la abundante documentación disponible permite extraer

algunas conclusiones relevantes al objeto de este estudio. En primer lugar,

resulta evidente la existencia de riesgos para la salUd de los operarios en la

práctica totalidad de las tareas que componían el proceso de obtención del

azogue. Las labores de excavación y extracción del mineral, desarrolladas en

un complejo entramado subterráneo de pozos y galerías, exponían al trabajador

a los accidentes, producto de explosiones intempestivas de barrenos,

hundimientos de mineral o caídas propiciadas por el intrincado diseño interior

de las minas y el empleo de rudimentarios medios de desplazamiento vertical. Por otro lado, las características físicas del mercurio, volátil a temperatura

ambiente, y la deficiente ventilación de las galenas, convertían la atmósfera de las minas en un verdadero ((caldo de cultivo)) del hidrargirismo.

En ausencia de mejoras significativas de la ventilación, algo que no ocurrió

hasta finales del siglo XIX, el ambiente cargado de vapores mercuriales,

preferentemente en los lugares de avance de la excavación, continuó siendo

el principal responsable del deterioro de la salud de los operarios destinados

(5) En la actualidad trabajamos en la trascripción y edición de esta obra, inserta en una trilogía

sobre distintos aspectos de las Minas, toda ella inédita.

(6) Los trabajos de DOBADO GONZÁLEZ, R. (1982) Salarios y condiciones de trabajo en

las Minas de Almadén, 1758-1839, en: Tedde, Pedro (ed.) La economía española alfinal del

Antzpo Régzmen. 11. Manufacturas, Madrid, Alianza Ed., pp. 339-440; DOBADO GONZÁ-

LEZ, R. (1984) Actitudes intelectuales frente a las condiciones de trabajo en las minas de

Almadkn, 1760-1860. Reuzsta de Hzstona Económzca, 2, 59-89; y el ya citado (n. 2) DOBADO

GONZÁLEZ (1989), analizan el conjunto de factores involucrados en las relaciones

laborales de las Minas durante la segunda mitad del siglo XVIII y primera del XIX. El

presente trabajo es tributario, en buena medida, de los acercamientos realizados por

Qste autor.

El Real Hospital de Mineros de Almadén 97

al interior. La fundición del mineral, el otro apartado fundamental del proceso

productivo, se desarrollaba mediante la calcinación del cinabrio en

hornos denominados de aludeles. Las tareas de carga y descarga de los hornos,

practicadas cuando estos aún conservaban una elevada temperatura,

implicaban un alto riesgo de azogamiento, extensible al conjunto de manipulacioiles

que efectuaban los operarios hasta envasar el producto con destino

a Sevilla.

En segundo lugar hay que destacar que la exposición, durante periodos

más o menos prolongados, al ambiente tóxico de la mina o del cerco de destilación

determinaba, indefectiblemente, la incapacitación temporal de los

mineros para el desarrollo de tareas productivas. La biografía profesional de

los operarios naturales de Almadén estaba salpicada de frecuentes periodos

de inactividad, durante los cuales el trabajador recuperaba los niveles de

salud imprescindibles para su vuelta a las labores. A pesar de la incorporación

al ordenamiento de las Minas de diversas prácticas de ((saneamiento))

del trabajador, la vida laboral de los mineros del azogue estaba sensiblemente

acortada respecto a otras ocupaciones.

Por último, el alto precio «biológico» exigido por la explotación, expresado

en términos de.inhabilitación para el trabajo, obligaba, en pura lógica,

a ampliar el contingente laboral destinado a las Minas. El mantenimiento de

ciertas cotas de producción, y aún más, la consecución de sacas crecientes de

azogue sólo era posible mediante la incorporación al proceso productivo de

un número de operarios muy superior al esperado. Los requerimientos de mano de obra chocaron pronto con la incapacidad

manifiesta de la población de Almadén de suministrar la fuerza de trabajo

necesaria. Desde la segunda mitad del siglo XVI, los responsables del

monopolio, conscientes del papel limitante de este elemento sobre la oferta

de mercurio y, por ende, sobre la producci¿ón de metales preciosos americanos,

promovieron un conjunto de medidas de amplio espectro con el fin de

captar nuevos efectivos para las Minas. Junto a la incorporación de trabajadores

forzados, destacan las iniciativas de corte poblacionista que perseguían

el avecindamiento en Almadén de inviduos susceptibles de incorporarse

a las labores del Establecimiento. Desde fechas tan tempranas como

1573, los vecinos de Almadén ocupados en la minería disfrutaron de distintas

exenciones fiscales y militares, privilegios que fueron ampliados y confirmados

a lo largo de los siglos XVII, XVIII y buena parte del XIX. Los salarios

comparativamente superiores a los que retribuían el trabajo agrícola,

junto a la extensión de los privilegios a los individuos que tomasen vecindad

98 ALFEEDO MENÉNDEZ NAVARRO

para incorporarse a las Minas, provocaron la aparición de una corriente migratoria

desde comarcas circundantes con destino a Almadén. Bien es cierto

que el número de forasteros que se asentaron definitivamente fue reducido.

Sin embargo, la inmigración de carácter temporal colaboró decisivamente a

la consecución de un contingente laboral suficiente.

Por otro lado, el régimen laboral vigente en las Minas incorporó diversos

mecanismos «consewacionistas», que permitían incidir sobre el grado de deterioro

orgánico de los trabajadores. Otro conjunto de medidas garantizaban

en parte el restablecimiento de los mineros inutilizados, colaborando al

sostenimiento económico del núcleo familiar durante la inactividad laboral.

A caballo entre ambos tipos de iniciativas, poblacionistas y consewacionistas,

podemos situar la creación de una enfermería en 1568 y, años más

tarde, a mediados del Setecientos, de un hospital para los trabajadores. Si la

enfermería acabó convirtiéndose en privativa de los forzados, el nuevo hospital

amplió su cobertura a un extenso colectivo de trabajadores y familiares,

alterando sustancialmente el modelo asistencial de las Minas. Construido

bajo el patrocinio de la Corona, el Real Hospital de Mineros, en funcionamiento

hasta fechas recientes, fue la institución en torno a la que giró una buena parte de la política intervencionista del Establecimiento en materia sanitaria durante la segunda mitad del siglo XVIII y primera del XIX. El objeto

del presente estudio es analizar el proceso fundacional del nosocomio,

atendiendo tanto a las motivaciones coyunturales que pusieron en marcha el

proyecto, intenso deterioro de las condiciones sanitarias de la población en

1751, como a los móviles a medio y largo plazo implicados en la iniciativa,

cuya comprensión resulta dificil sin considerar las amplificadas repercusiones

económicas de la producción de mercurio. Completan los contenidos el

examen de las fuentes de financiación durante el periodo fundacional y su

evolución a lo largo de la segunda mitad de la centuria y primer decenio del

siglo XIX. En esta etapa el Hospital de Mineros alcanzó el mayor nivel de

actividad asistencial, gracias, en buena medida, a su consolidación económica.

Para ello resulta imprescindible la consulta de la documentación generada

por la actividad de fa Mina, hoy fraccionada en varios fondos ubicados en

distintos archivos del país. El mayor legado se conserva en el Archivo Histórico

Nacional (A.H.N.), sección de Fondos Contemporáneos, bajo la denominación

de «Minas de Almadén)). Otra parte del material procedente del

Archivo de la Mina, de bastante interés desde el punto de vista asistencial, se

halla depositada en el Departamento de Historia Económica de la UniversiEl

Real Hospital de Mineros de Almadén 99

dad Complutense de Madrid, cuyos fondos consignaremos bajo la abreviatura

A.D.H.E.

2. LOS DETONANTES DE LA CRISIS SANITARIA DE 1751

En los decenios centrales del Setecientos, las Minas de Almadén iniciaron

uno de los periodos de auge más destacados de su larga historia productiva.

Las crecientes demandas de Ultramar, Méjico principalmente, y el retroceso

de la producción en Huancavélica, obligaron a los responsables de

la Hacienda española a realizar un notable esfuerzo para incrementar las

sacas de azogue procedentes de Almadén. En diciembre de 1749, Francisco

Javier de Villegas se incorporaba a la Superintendencia de las Minas, máxima

autoridad local de la explotación. El encargo de sus superiores no podía

ser más explícito:

«El Rey manda que luego que V.m. se entregue a esas Minas se aplique a la

saca de Metales con el mayor esfuerzo, empleando los medios y gente que

pueda trabajar, admitiendo al trabajo todos los operarios útiles que se presenten,

de forma que se saquen a lo menos 10.000 quintales de Azogue, y

todo lo de más que se pueda, sin omitir gasto ni trabajo, … )) (7).

La tarea encomendada se vio ayudada por la asignación de mayores recursos

financieros al Establecimiento, fenómeno anterior, desde luego, a su

llegada. En sólo unos años, entre 1730 y 1750, las medias decenales de gasto

anual efectuado por las Minas se cuadruplicaron (8).

Otro de los factores decisivos para hacer factible el crecimiento de las

sacas anuales de azogue, la disposición de una adecuada oferta de trabajo,

fue posible gracias a la confluencia de varias circunstancias en Almadén en

los años centrales del Setecientos. La población de la localidad, tradicionalmente

dedicada al trabajo en las Minas, era la responsable del principal

componente laboral. Gracias a las medidas poblacionistas citadas, durante la

primera mitad de la centuria el número de habitantes experimentó un ligero

crecimiento, estimado entre un 12 y un 15% (9). A ello hay que unir la multi-

(7) Comunicación del Superintendente General de Azogues de 16 de diciembre de 1749.

A.H.N., Mznas de Almadén, leg. 65.

(8) DOBADO GONZÁLEZ (1982), op. czt. (n. 6), pp. 385-387.

(9) DOBADO GONZÁLEZ (1989), op. cit. (n. 2), p. 601.

10Q ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO

plicación por cuatro del número de forzados disponibles y la intensificación

de la inmigración temporal hacia Almadén. Precisamente, el incremento, relativamente

brusco, de estos dos últimos colectivos a finales de los años cuarenta

fue el origen del progresivo deterioro sanitario experimentado por la

población en los años 175 1 y 1 752, desencadenante de la fundación del

hospital.

La incorporación de los primeros forzados a las Minas se remonta a

1566, momento en el que se encontraban bajo la administración de los banqueros

alemanes Fugger. A partir de esta fecha, el número de galeotes destinados

al Establecimiento creció en los sucesivos contratos que regulaban las

condiciones de la cesión, hasta un máximo de 80 en 1623, cifra, que en la

práctica, resultaba duplicada con los esclavos adquiridos (10). Tras la vuelta

de las Minas a la administración directa de la Corona, en 1645, se mantuvo

el recurso a la mano de obra forzada. Durante laJ primera mitad del siglo

XVIII, el número de penados disminuyó respecto a centurias anteriores. La

dotación habitual se situó en algo más del medio centenar (1 1). No obstante,

las necesidades de la flota absorbían a la mayor parte de los galeotes, por lo

que en ocasiones no se lograba reunir siquiera esa cifra. Esta situación se

modificó radicalmente a mediados del siglo.

La extinción de la pena de galeras en 1750 provocó el desvío hacia Almadén

de una importante cantidad de reos (12). En sólo unos meses se triplicó

el número de reclusos existentes, pasando de los 100, en julio de ese año, a

267, en mayo de 1751. La trascendencia laboral otorgada a este nutrido

grupo queda significada por la distribución que Villegas hizo del contingente

de forzados (1 3). El Superintendente dispuso la creación de seis brigadas

con 40 hombres cada una, cuatro de las cuales, constituidas por los «más robustos

y hábiles)), fueron destinadas a las labores de interior, garantizando,

sin acudir al concurso de trabajadores libres, las faenas de limpieza y desague

de las galerías. El aumento en la dotación de penados no estuvo, sin em-

(10) MATILLA TASCÓN, A. (1958) Historia de las Minas de Almadén. Volumen 1. (Desde la época

romana hasta el año 1645), Madrid, Consejo de Admón. de las Minas de Almadén y Arrayanes,

506 pp., incluye las noticias sobre las remesas de forzados y las dotaciones consignadas

en los distintos asientos firmados con los Fugger.

(1 1) MATILLA TASCÓN, A. (1 987) Historia de las Minas de Almadén. Volumen 11. (Desde 1646 a

1799), Madrid, Minas de Almadén y Arrayanes e Instituto de Estudios Fiscales, pp. 294-

299.

(12) Ibidem, p. 297.

(13) Providencia de 5 de mayo de 1751. A.H.N., Minas de Almadén, leg. 63.

El Real Hospital de Mineros de Almadén 101

bargo, exento de riesgos. Su alojamiento en las reducidas dependencias de

la Real Cárcel de Forzados propició la aparición de problemas sanitarios.

A finales de junio de 1746, con un número de reos rondando los 60, estalló

un brote de ((calenturas malignas)) entre la población reclusa. Los facultativos

de la fábrica achacaron su origen a la falta de ventilación de las salas

de la prisión, proponiendo medidas de aislamiento de los enfermos para

evitar la propagación a los no afectados y al resto de la población (14). El Superintendente,

Alonso Cortés de Salazar, dispuso el traslado de los sanos al

exterior del recinto durante la noche para descongestionar las salas, a pesar

del elevado riesgo de fuga que entrañaba la medida. Además, ordenó el cese

de las remesas de nuevos forzados y la suspensión de los trabajos. La epidemia

cedió pronto, sin llegar a extenderse a la población de Almadén (15).

Las condiciones de alojamiento de los reclusos en 175 1 debieron ser manifiestamente

peores, ya que se superó con creces la capacidad de la cárcel.

Consciente Villegas de la amenaza de nuevos brotes epidémicos y del riesgo

de extensión a la población, adoptó una serie de medidas preventivas, coincidentes,

en gran parte, con las descritas anteriormente. En abril de 17 5 1,

transmitió a la Superintendencia General de Azogues, máximo responsable

del Establecimiento, sus preocupaciones en este sentido, proponiendo la

ampliación del espacio destinado a los presos (16). Unos meses antes, había

ordenado el empleo de los reclusos en las labores de desagüe durante la

noche

«. .. a fin de minorar el gasto de 500 y más reales que tendrían de costa cada

noche los libres que antes las ejecutaban, de que se sigue también el beneficio

de ventilarse la Cárcel con la menos gente que duerme en ella» (17).

Así mismo, en junio cesaron los envíos de reos a Almadén (18).

(14) MATILLA TASCÓN (1987), op. cit. (n. 1 l), p. 297.

(15) A.H.N., Minas de Almadén, leg. 65.

(1 6) Carta orden de la Superintendencia General de Azogues de 26 de abril de 175 1 . Loc. cit.

Cortés de Salazar ya había realizado una proposición similar en 1746, pero los alanfes

de las Minas recomendaron construir una cárcel nueva. MATILLA TASCÓN (1987), o@.

cit. (n. 1 l), p. 443. Las primeras noticias sobre la entrada en funcionamiento de la nueva

prisión datan de 1754. A.H.N., Minas de Almadén, leg. 63.

(17) Citado en la providencia del Superintendente Villegas de 17 de noviembre de

175 1. Loc. cit.

(1 8) Respondiendo a una petición del propio Villegas la R. O. de 1 de junio de 175 1 prohibía

el envío hasta nueva orden. A.H.N., Minas de Almadén, leg. 65. Esta medida de carác102

ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO

Los problemas de espacio de la cárcel eran extensivos a la enfermería colindante.

El hacinamiento de los enfermos en sus dependencias obligó, en

varias ocasiones, a emplazarlos en la ermita de San Miguel, ubicada junto a

la prisión. Además, el personal encargado de su asistencia resultó insuficiente.

En marzo de 1750, %llegas nombró un segundo cirujano para los presos:

«En atención a haberse aumentado el número de forzados y considerando

no era posible que un sólo Médico y Cirujano pudiesen asistir a los enfermos

como convenía sin hacer falta al vecindario por ser solos, y el último

de avanzada edad, … nombro a Sebastián Recio por segundo Cirujano

para la asistencia de dichos Presidiarios … » (19).

Un año más tarde, dispuso la contrataci6n de un practicante de cirugía,

encargado del cuidado de los forzados enfermos y convalecientes (20).

El otro colectivo implicado en la crisis, los trabajadores temporales, acudían

a Almadén atraidos por las exenciones fiscales y militares de que gozaban

los operarios de las Minas y por las expectativas de mayores salarios.

Procedían, mayoritariamente, de áreas geográficas cercanas y su participación

en las labores de mina no era continua, alternando las estancias, más o

menos prolongadas, en Almadén, con el empleo en faenas agrícolas. Lógicamente,

esta alternancia tenía un marcado carácter estacional, pues la retirada

de las Minas coincidía con la llegada del verano, y por ende, del aumento

de las necesidades de mano de obra en las zonas agrícolas (21).

Desconocemos la cifra de temporeros empleados durante la primera

mitad del siglo XWII. Todo apunta a que su número se incrementó notablemente

en los años finales de la década de los cuarenta, producto del aumento

de las consignaciones. La llegada masiva de forasteros puso de manifiesto

ter cautelar, se convirtió en una práctica habitual desde que se produjo la sobreocupación

de la cárcel. Se decretaba preferentemente durante los meses de verano, en los que

con mayor frecuencia surgían los brotes epidémicos. En julio de 1750, Villegas rechazó

el envío de 16 reos desde Toledo «por la estrechez de la Cárcel, multitud de forzados

que hay en ella, y los que se esperan de otras partes, de que se puede temer un contagio

». El Superintendente General de Azogues aprobó la iniciativa, recomendándole que

la mantuviera «a lo menos mientras duren los calores, para prevenir en lo posible el nesgo

de un contagio)). Carta orden de la Supenntendencia General de Azogues de 21 de

julio de 1750. LOG. czt.

(19) Providencia de 6 de marzo de 1750. A.H.N., Mznas de Almadén, leg. 63.

(20) Providencia de 24 de junio de 1751. LOG. czt.

(21) DOBADO GONZALEZ (1982), op. czt (n. 6), pp. 396, 401-403.

El Real Hospital de Mineros de Almadén 103

otra de las carencias de la villa, las escasas disponibilidades de vivienda (22).

El número de casas de la población, 480 en total, resultó insuficiente para

dar alojamiento a los inmigrantes. El déficit de viviendas obligó a los vecinos

de Almadén a hospedar a los temporeros en sus propios domicilios. En rnuchos

casos los inmuebles albergaban cuatro o cinco vecindades, lo que implicaba

unos riesgos que no desconoáa el Superintendente:

(L.. como las casas son reducidas, y están en un cuarto, por lo regular los

buenos, y enfermos, se contrae con facilidad una epidemia, … » (23).

Los que no obtenían acomodo de esta forma se instalaban en chozas o

incluso pernoctaban a la intemperie.

Resulta razonable pensar que tanto la sobreocupación de la cárcel como

el deterioro de las condiciones de vida de un sector importante de los vecinos,

actuaron como dos poderosos factores de riesgo, capaces de favorecer

la propagación de nuevos brotes epidémicos. No podemos olvidar que tales

factores incidían sobre una población orgánicamente debilitada por la patología

profesional y por lo que Villegas denominaba las enfermedades «regulares

» experimentadas de «mayo a octubre)) (24), muy posiblemente paludismo.

El documento que servía de base a esta afirmación, dirigido a recabar el

apoyo de los Cabildos Municipal y Eclesiástico de la villa a su proyecto de

hospital, confirmaba la presencia de un incremento de la morbimortalidad

ordinaria en Almadén durante el verano.

Tanto López de Arévalo, en una carta remitida a Thiéry en 1755, como,

posteriormente, Parés y Franqués, ambos médicos de las Minas, dejaron

constancia del carácter endémico de las tercianas en esta zona (25). El propio

Villegas se dirigió a sus superiores, en varias ocasiones, en demanda de

diversas cantidades de quina, ante

(22) Expediente sobre construcción de la Plaza de Toros y casas del Hospital. Providencia

del Superintendente Villegas de 1 de agosto de 1752. A.H.N., Mznas de Almadén,

leg. 1.187.

(23) Comunicación a Julián de Arriaga de 14 de agosto de 1755. A.H.N., Consqos, leg. 21.782.

(24) Providencia de 1 de agosto de 1752. A.H.N., Mznas de Almadén, leg. 1.187.

(25) LETTRE de Don Francisco López de Arébalo, médicin de I’hopital roya1 des forpts,

dans la ville d’hlniaden, a M. Thiéry, docteur-régent de la faculté de médecine de Pans

(1-VI-1 755), en: THIERY, M. (1 791) Olisematzons de Physzgue et de Médeczne faztes en dzfférens

lzeux de I’Espagne, Pans, Garnéry Lib., vol. 2, pp. 19-45. La afirmación en p. 30. PARÉS Y

FRANQUÉS (1778), op. c~t (n. 1), fol. 27.

ALFREDO MENGNDEZ NAVARRO

«… lo propenso que es [Almadén] a todo género de enfermedades, y especialmente

a las tercianas y cuartanas en la estación del verano; … [y] la necesidad

que había de este género de buena calidad para el socorro de los

pobres enfermos)) (26).

En fechas posteriores, los registros del Hospital de Mineros confirman la

frecuencia con que los pobladores resultaban afectados de calenturas inter- mitentes (27). Una información similar aparece recogida en la respuesta de

la cercana villa de Chiilón al interrogatorio efectuado por Tomás López para

confeccionar su Dicczonario Geogr6f;co (28).

El deterioro orgánico de la población, producto de las causas apuntadas,

afectaba a la propia estacionalidad de la actividad productiva, otra de las características

definitorias del proceso de obtención del azogue en Almadén.

La llegada del estío marcaba el cese de la campaña-minera, reduciéndose la

actividad a las labores de mantenimiento de las galerías, fortificación y desa-

@e principalmente, así como algunas tareas de prospección. Hay distintas

razones que justificaban el ritmo estacional de la producción, tanto de índole

técnico como sanitarias. Destaquemos el aumento de las pérdidas de azogue

en el proceso de fundición, debido al incremento de la temperatura arnbiente,

y la disminución de la ya mermada ventilación de las minas, lo que

redundaba en una mayor insalubridad del trabajo interior. A la vez, llegado

el periodo estival, la mayoría de los forasteros empleados en las Minas se retiraban

a los trabajos de recolección agrícola, reduciendo sensiblemente el

contingente laboral disponible. Por su parte, los trabajadores naturales de

Almadén, el componente estable de la fuerza de trabajo, presentaban un

alto porcentaje de individuos ((estropeados))o ((imposibilitados))p, or utilizar

términos frecuentemente empleados en la época, tras casi un año de activi-

(26) A.H.N., Minas de Almadén, leg. 80. Entre 1752 y 1756, se remitieron a Almadén un total

de 14 arrobas de este específico curativo del paludismo.

(27) Por desgracia, sólo disponemos de los diagnósticos de entrada para unos pocos años de

finales del siglo XVIII, 1783-1 785 y 1792. La existencia de una epidemia palúdica durante

el primer trienio mencionado resta significación a los datos. No obstante, los registros

de 1792 confirman a las tercianas como la segunda causa de ingreso en el hospital,

tras la patología profesional. Durante los meses de verano y otoño este orden se alteraba,

pasando las fiebres,intermitentes a ocupar la primera posición, de forma más manifiesta,

como era de esperar, durante el trienio 1783-1785. Libros de Entrada de Enfermos

al Real Hospital de Mineros. A.D.H.E., legs. 102 y 116.

(28) LÓPEZ, Tomás (s.a.) Diccionario Geográfico. Albacete. Ciudad Real, Ms., fols. 325-334. La información

remitida desde Chillón está fechada en julio de 1793.

El Real Hospital de Mineros de Almadén 105

dad productiva. El cese de las sacas de 1 745, 1 746, y 1754 se decretó a causa,

entre otras razones, del mal estado sanitario de los trabajadores (29).

Dentro del conjunto de circunstancias que pesaban sobre el estado sanitario

de la población en 175 1, hay que considerar la existencia de un único

hospital, denominado de la Villa o de la Caridad, cuya dotación anual no superaba

los 700 reales. Tamaños fondos sólo permitían el mantenimiento de

una habitación con dos camas, atendidas por un peón público. La labor

asistencial se reducía a distribuir ayudas de un real diario para los cuidados

y alimentación de los más necesitados, siempre que su número no fuese excesivo.

Con el objeto de mejorar su dotación y la asistencia dispensada a los

enfermos se fundó, en 17 18, la Congregación de la Caridad, cuyos miembros,

reclutados principalmente entre los oficiales de las Minas, asumieron

la administración de sus rentas y el cuidado y asistencia de los enfermos

(30). A pesar de ello, las palabras de Villegas reflejan la limitada capacidad

asistencial de este hospital:

(c…, concurre también, el especialísimo motivo de haber visto … todo este

Pueblo con dolor de los dos Cabildos, administrarse repetidas veces el sacramento

de la Eucaristía, en chozos, corrales, y cercas, y fallecido muchos

sin saber sus nombres, Patria, y vecindad, ni recibido el sacramento de la

Penitencia, por falta de Hospital y renta suficiente para que cómodamente

se les preste en sus enfermedades la medicina Espiritual, y Temporal)) (3 1).

(29) Año 1745: «En carta de 31 pasado, participó V.S. lo que habían producido en la semana

de 27 del mismo los Hurtos y Cañas de esas Minas; Concluyendo el mal estado de ellas,

poca piedra que producen, y la poca Gente hábil que hay en ese Pueblo, y lo fatigada

que así ésta, como los oficiales de esas Minas, quedaban, por lo que juzgaba conveniente

cesase la fundición en el todo, …, Y enterado el Señor Superintendente General de lo

referido y de lo demás que con este motivo =pone V.S., ha acordado prevenga a V.S.

cese desde luego la saca, a fin de que esos pobres oficiales, y trabajadores tengan algún

alivio, pues a su tiempo se volverá a la saca. A.H.N., Minas de Almadén, leg. 65.

Año 1746: «… ejecute lo que le está mandado en las dos ordenes anteriores, acerca de

que no se prosiga en dicha saca, … por el beneficio de que dicha suspensión puede resultar

a esos infelices, por lo caluroso del tiempo)). Loc. cit..

Año 1754: «En vista de lo qiie V.S. ha representado … sobre los malos efectos que ya

causan los calores en los trabajadores de esas Minas, ha resuelto el Rey, que se suspenda

la saca de azogue luego que se completen los 15.000 quintales … D. A.H.N., Minar de Almadén,

leg. 63.

(30) Constituciones de la Congregación de la Caridad de la villa de Almadén, aprobadas el

30 de junio de 1718. A.D.H.E., leg. 4.

(31) Providencia de 1 de agosto de 1752. A.H.N., Minas de Almadén, leg. 1.187.

106 ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO

Los acontecimientos de 175 1 confirmaron el temor, expresado por Viegas

y refrendado por los Cabildos Municipal y Eclesiástico, a la introducción

en la villa de un «contagio general» propiciado por el hacinamiento de los

vecinos y forzados. Un brote epidémico, originado en la cárcel, acabó extendiéndose

a la mayor parte de la población. Aunque carecemos de noticias

fiables sobre el desarrollo de la epidemia, las cifras de mortalidad reflejan su

trascendencia demográfica. El número de fdlecidos en 1751 osciló entre los

31 6, según los registros parroquiales de la localidad, y 330, según otros testimonios

(32). Para aproximarnos a la intensidad de la crisis hemos aplicado

el método propuesto por L. del Panta y M. Livi-Bacci a la serie parroquial de

defunciones (33). El análisis muestra la existencia de una sobremortalidad

del 77% respecto a la que podría considerarse ordinaria, lo que indica la

presencia de una crisis de grado medio. La tasa anual de mortalidad, calculada

a partir de diversas estimaciones de la población de Almadén en 17 5 1,

se sitúa entre el 8,2 y el 12,5% (34). Ambos parámetros evidencian la verdadera

magnitud de la epidemia, cuyo resultado diezmó los efectivos de

la villa.

3. LA PROPUESTA DE HOSPITAL DEL SUPERINTENDENTE VILLEGAS

Los hechos siguieron un curso similar en 1752. A finales de julio, estalló un nuevo brote epidémico entre los reclusos de la cárcel, ascendiendo a más (32) La serie de defunciones de la Parroquia de Almadén del siglo XVIII en DOBADO

GONZÁLEZ (1989), op. cit. (n. 2), apéndice estadístico. Las otras noticias apuntan a que

el número de fallecidos entre los reclusos ascendió a 30, perteneciendo los 300 restantes

a la población de Almadén. MATILLA TASCON (1987), op. cd. (n. ll), p. 300.

(33) El método descrito en PÉREZ MOREDA, V. (1980) Las crisis de mortalidad en la España interior

(siglos XVI-XIX), Madrid, Siglo XXI Ed., pp. 105-106, establece la intensidad de la

crisis en relación a la cifra de defunciones anuales considerada «normal». Para ello se

examinan periodos de once años por el sistema de medias móviles, eliminando de la

serie los dos valores máximos y los dos mínimos. Se considera crisis aquellos valores

que indiquen una sobremortalidad superior en un 50% a la «normal».

(34) La mayor tasa de mortalidad corresponde al cálculo realizado a partir de los datos suministrados

por DOBADO GONZÁLEZ (1982), op. cit. (n. 6), p. 394. La cifra de 2.504 habitantes

que arroja el vecindario de Almadén perteneciente al año 175 1, infravalora, en

opinión del autor, la población real de la villa. Por otro lado, LÓPEZ-SALAZAR PÉREZ,

J. (1976) Evolución demográfica de la Mancha en el siglo XVIII. Hispania, 36, 233-299 (p.

289), estima en 3.840 el número de habitantes, aunque no aclara, totalmente, la procedencia

de los datos.

El Real Hospital de Mineros de Almadén 107

de 60 el número de afectados. Villegas expresó el temor ante el riesgo de

una nueva generalización de la epidemia:

«Si transciende al pueblo, como es regular, será el clamor igual al del aiio

pasado 117511 y al del [17]35; porque a los accidentes de mina se añade la

falta de hospital y dotación, y ser los habitantes correspondientes a dos poblaciones

como la actual … » (35).

La primera medida adoptada por el Superintendente consistió en destinar

algunos fondos de las Minas a mejorar la dotación del Hospital de la Caridad.

Desde marzo de 1752 se sucedieron las remesas económicas. El médico

del Establecimiento, López de Arévalo, comenzó a prestar sus cuidados

en este centro en septiembre. A su cargo corrieron las frecuentes peticiones

de incrementar los recursos del hospital, incapaz siquiera de garantizar

la alimentación de los ingresados.

Las insuficiencias financieras y el propio estado del nosocomio, amenazado

de ruina por la cercanía de los trabajos subterráneos, convencieron a

Villegas de la necesidad de uno nuevo. En este sentido, a partir del 1 de

agosto de 1752 comenzó a proponer abiertamente la fundación de un hospital

para los trabajadores de las Minas como objetivo a medio plazo, una

vez que se hubiesen establecido las rentas para su sostenimiento (36).

En una primera fase pretendía la construcción de 24 casas delimitando

una plaza, con una finalidad doble. En primer lugar, dotar una fuente de financiación

para la construcción y mantenimiento del nuevo hospital al margen

del Establecimiento, condición probablemente imprescindible para lograr

el visto bueno de sus superiores. Para ello contaba con los ingresos procedentes

del alquiler de los inmuebles y los beneficios obtenidos por las fies-

(35) Comunicación a la Supenntendencia General de Azogues de 2 de agosto de 1752.

A.H.N., Mzpas de Almadén, leg. 772. Las referencias al año 1735 se repiten con frecuencia

en toda la documentación del hospital. No en vano, durante los años 1735 y 1736, la población

sufrió la mayor crisis de mortalidad del siglo XVIII, con una sobremortalidad

del 236% y 7296, respectivamente. En este caso, la sucesión de malas cosechas junto al

retraso en el pago de las consignaciones de la Real Hacienda, fueron las responsables

del desabastecimiento de la villa.

(36) La primera formulación de la propuesta aparece recogida en la Providencia de 1 de

agosto de 1752. El día 2 de ese mismo mes dirigió sendas comunicaciones al Supenntendente

General de Azogues y al Marqués de La Ensenada haciéndoles participes de su

proyecto. A.H.N., Mtnas de Almadén, legs. 1.187 y 772.

1 O8 ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO

tas de toros a celebrar en el recinto. En segundo lugar, de la constmcción de

casas se seguía:

c… la especial [utilidad] de extender la Población y la de quitar a los dueños

de casas el gravamen de hospedar a los forasteros que acuden a los trabajos,

y de asegurar por este medio número competente de Minadores

para cualquier providencia Superior que pueda darse sobre extensión o

descubrimiento de nuevas Minas» (37).

Pese a la modesta contribución que suponen 24 viviendas, el testimonio

del Superintendente indica el verdadero alcance de su proyecto. La habilitación

de nuevos alojamientos pretendía no sólo paliar las condiciones de hacinamiento

en que vivía un sector importante de la población, factor vinculado

a la extensión de la epidemia, sino favorecer la captación de nuevos trabajadores,

condición sine qua non para el éxito de ros planes expansionistas

de la producción.

El brote epidémico de 1752 mostró una virulencia menor al del ano anterior

(38). A pesar de ello Villegas no cejó en su empeño por dotar un

nuevo hospital, proyecto que reiteró en las diversas comunicaciones dirigidas

a sus superiores. La primera respuesta del Marqués de la Ensenada, remitida

el ocho de agosto, se limitaba a encarecerle la adopción de ((cuantas

providencias considerase convenientes, tanto para la curación de los enfermos,

como para evitar que se extiendan las enfermedades)) (39). El escrito

adjuntaba una orden que autorizaba a Villegas a solicitar, de las poblaciones

cercanas, todos los auxilios que estimase oportunos: víveres, medicinas,

camas, incluso el concurso de gente para asistir a los enfermos (40). Frente al

carácter coyuntural de esta medida, el Superintendente volvía a insistir, unos

(37) Providencia de 1 de agosto de 1752. A.H.N., Mznas de Almadén, leg. 1.187.

(38) El 16 de agosto de 1752, el Superintendente escribió al Marqués de la Ensenada: «El

pueblo tiene bastantes enfermos, y aunque mueren algunos no es con la prontitud que

ha tocado en los años antecedentes, ni con la que expresa el vecindario, y consta de la

Parroquia haber sucedido en los años de [17]35 y [17]37)). LOC. cit. Tales apreciaciones

están plenamente confirmadas por el estudio de los registros parroquiales de defunción.

(39) A.H.N., Minas de Almadén, leg. 63.

(40) Sólo tenemos constancia de la petición de tres camas a la villa de Hinojosa, efectuada a

finales del mes de agosto. La solicitud no fue atendida por el ayuntamiento, argumentando

la distancia a Almadén y la necesidad de mantener un hospital propio. Representación

de la Villa de Hinojosa al Marqués de la Ensenada, de 30 de agosto de

1752. Loc. nt..

El Real Hospital de Mineros de Almadén 109

días más tarde, en la utilidad a medio plazo de su plan al ((preparar para lo

sucesivo medio de socorrer a los pobres en sus enfermedades)) (41).

Villegas no esperó a la aprobación de sus superiores para dar comienzo a

las obras de plaza. En la misma comunicación del 16 de agosto de 1752

antes citada, informó del inicio de la construcción, a la vez que solicitaba

permiso para realizar las primeras fiestas de toros, y hacer frente a los créditos

concedidos por los vecinos. Así mismo, reclamó el patrocinio del Rey

para el nuevo hospital. Tanto esta petición como las anteriores, quedaron

confirmadas por Real Orden de 28 de agosto de 1752, fecha que podemos

considerar como fundacional del Real Hospital de Mineros de San Rafael

(42).

. La dotación de un hospital de importantes dimensiones -a los pocos

años de su puesta en marcha contaba con 40 carnas- destinado espeáficamente

a los operarios de las Minas y sus familias, muestra la decidida apuesta

intervencionista efectuada por los responsables del Establecimiento. De

hecho, la oferta asistencial, a pesar de tener su desencadenante inmediato en

los acontecimientos de 175 1, no puede ser entendida al margen de otras iniciativas

del mismo signo emprendidas a lo largo de la segunda mitad de la

centuria, en lo que Dobado González ha denominado el ((modelo reproductivo

abierto con intervención pública)) (43). Dicho modelo de reproducción

de la fuerza de trabajo empezó a operar a finales de la década de los setenta.

El conjunto de mecanismos que englobaba, ampliación de las exenciones

fiscales y militares, fomento del sector agrícola local, subvención del abastecimiento

de pan y trigo, concesión de ayudas económicas a las viudas y

huérfanos de mineros y potenciación de la asistencia sanitaria, perseguían la

recuperación de la capacidad productiva de los trabajadores y la captación

de nuevos efectivos.

La adopción de medidas sanitarias en las Minas respondió siempre a

unas coordenadas similares. En el caso de la enfermería creada en 1568 y la

incorporación de médicos y cirujanos al Establecimiento en esas fechas, la

relación con la creciente importancia otorgada al azogue fue directa. El proyecto

de hospital expuesto por el Visitador del Consejo de Hacienda Juan de

Pedroso en 16 13 recogía una formulación bastante explícita de las motivaciones

de los dirigentes. La propuesta de Pedroso, inserta en un periodo de

(41) Comunicación de 16 de agosto de 1752. A.H.N., Minas de Almadén, leg. 1.187

(42) Loc. cit.

(43) DOBADO GONZÁLEZ (19891, of. cit. (n. 2), pp. 1.020-1.023.

declive de la producción de Huancavélica y marcada por la escasez de mano

de obra, defendía la necesidad de un centro hospitalario del siguiente

modo:

c… para el aumento y conservación de esta fábrica, y atraer la gente a eUa

con saber que si enferman han de tener donde curarse: es muy necesario

tener Hospital, será cosa muy pía el hacerle, porque los laborantes forasteros

que enferman, muchos por falta de alojamiento y cura perecen, y aún

los naturales lo pasan sin cura y harto trabajo, que como les falta el jornal

de que se sustentan, no sólo no tienen para el gasto de la cura, pero ni para

mantenerse)) (44).

El caso del Real Hospital de Mineros, que se adelantó en cierta medida

al resto del impulso intervencionista, confirma el peso ejercido por el carácter

nocivo del proceso de obtención del azogue sobre la marcha del Establecimiento.

La contribución del nosocomio a los objetivos reproductivos estaba ‘

directamente condicionada por el volumen de la oferta asistencial, en términos

generales, y por la capacidad de garantizar la manutención de los trabajadores

durante los periodos de incapacidad, en particular. Esta hipótesis se

‘ refuerza si tenemos en cuenta la inexistencia de un procedimiento terapéutico

eficaz para combatir la sintomatología hidrargírica. El único remedio curativo

válido consistía, simple y llanamente, en retirarse de los trabajos expuestos

al ambiente tóxico, lo que para los trabajadores equivalía al cese de

sus ingresos. Numerosos testimonios confirman la inexistencia de alternativas

terapéuticas. Sirvan las palabras de Parés para ilustrar la firme convicción

reinante en el Establecimiento. En el caso del temblor, uno de los síntomas

más característicos de la intoxicación, la separación de los trabajos era

la única forma de evitar la progresión de la enfermedad y sus funestas consecuencias:

((Siempre que ai principio de este mal se retiren enteramente de las ocasiones

de percibir los efluvios mercuriaies, solicitando aires campesinos nada

impregnados de aquellos corpúsculos, y eligiéndose una dieta lacticinosa,

se restituyen fácilmente a su primera salud)) (45).

(44) El documento se encuentra trascrito en LARRUGA Y BONETA, E. (1 792) Memoriaspolíticas

y económicas sobre los fmtos, comercio,fábricas y minas de España, Madrid, Imp. de A. Espinosa,

tomo 17, pp. 106-132. La cita en p. 120.

(45) PARÉS Y FRANQUÉS (1778), op. cit. (n.l), fol. 45 v.

El Real Hospital de Mineros de Almadén 111

En otro pasaje, Parés nos recuerda la escasa utilidad de la medicación en

el tratamiento de los temblones:

«Me ha enseñado la observación, y experiencia en quince años, que ha,

que trato a los Mineros, que para curar sus temblores ni es necesaria

mucha medicina interior, y la poca, que se recete, que por titulo ninguno

debe ser irritante, pungente, de agudo estímulo, ni vehemencia, … Lo pnmero,

pues, que debe hacerse es retirar los Trémulos de aquellos sitios, en

que contrajeron su enfermedad)) (46).

Para el caso de la «tos seca mineral)), otro de los procesos morbosos descritos

como específico de los mineros de Almadén, Parés insistía en la retirada

de los trabajos como condición indispensable para asegurar su curación:

((Generalmente hablando, el que se sienta herido de la Tos seca, y desea

curarse, debe lo primero desertar los interiores trabajos de las Minas, de

los Hornos de fundición, y cuantos se practiquen en sitios, que se conceptúen

impregnados de hálitos Minerales; pues lo demás es hacer infructuosa

toda la obra de su curación)) (47).

Sólo en fechas tan tardías como son los años sesenta del siglo XIX, se incorpó

un tratamiento resolutivo de la intoxicación mercurial basado en la

administración de corrientes eléctricas a los azogados. Mientras tanto, la

principal aportación del hospital al restablecimiento de los trabajadores estribó

en la dispensa de cuidados generales, garantizando su subsistencia durante

la inactividad laboral.

En numerosas ocasiones, especialmente en el caso de los naturales de Almadén,

este cometido se trasladaba al medio domiciliario. Los enfermos

que permanecían en sus casas, o las familias de los ingresados en el hospital

carentes de recursos, recibían ayudas en métalico, vehiculadas a través del

nosocomio o por otras vías. A ello se unía la asistencia de los facultativos del

hospital y la consecución gratuita de medicinas. En cualquier caso, la amplitud

de la oferta asistencial del hospital estuvo condicionada en gran medida

por los recursos económicos disponibles.

(46) Ibidem, fols. 1 12 v.-1 14.

(47) Ibidem, fol. 144 v.

112 ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO

4. FINANCIACI~NY CONSTRUCCI~ND EL REAL HOSPITAL DE

MINEROS, 1 752-1 775

Bajo este epígrafe abordaremos el análisis de los ingresos económicos

del Hospital de Mineros durante el periodo que podemos considerar como

fundacional, es decir, el trascurrido entre la aceptación del proyecto, 1752, y

el comienzo de sus actividades, en marzo de 1774.

El modelo de financiación diseñado por Villegas, caracterizado por una

relativa autonomía económica frente al Establecimiento minero, mostró su

eficacia al permitir la construcción del nosocomio y la asistencia sanitaria a

los trabajadores en el ínterin de su puesta en marcha. A mi juicio, entre los

elementos que facilitan la comprensión de este modelo, debemos tener en

cuenta la actitud reacia de los dirigentes de Madrid,a destinar nuevos fondos .

a las Minas, salvo los aplicados a fines estrictamente productivos. Esta actitud,

que también se constata frente a otra de las modalidades de asistencia

social practicada por el Establecimiento, los socorros económicos a los trabajadores

y sus familias durante los periodos de inactividad, contrastaba con

la receptividad mostrada por el Superintendente. El contacto diario con la

problemática de fondo de Almadén acabaría convenciendo a los dirigentes

locales de la necesidad ineludible de estas medidas para hacer posible el aumento

de las sacas de azogue. En segundo lugar, Villegas limitó considerablemente

la aportación económica de las Minas al hospital. No tenemos

constancia docuniental de cuales fueron las razones que le impulsaron a

adoptar esta decisión, salvo la ya citada reticencia de los responsables de la

Hacienda a dispensar nuevos fondos. Parece lógico pensar que, Villegas, conocedor

de la siempre deficitaria situación económica de las Minas, pretendiese

mantener al Hospital de Mineros al margen de los avatares del Erario

Público español, responsable directo de la explotación. La propia historia

del nosocomio confirmó los riesgos de esa dependencia.

La financiación del Real Hospital entró en crisis apenas unos años después

de su puesta en marcha. El desequilibrio financiero fue producto del

aumento de la demanda asistencial y, por lo tanto, de los gastos, en unión

de la reducción de algunas de las partidas que nutrían su presupuesto. La

resolución satisfactoria de esta crisis, en 1780, posibilitó la práctica duplicación

de su nivel de actividad, coincidiendo cronológicamente con el periodo

de ((intervención pública)) antes citado. La relativa autonomía económica se

mantuvo hasta la Guerra de la Independencia. A partir de esta fecha, el Establecimiento

asumió de forma progresiva el déficit generado por el hospital,

El Real Hospital de Mineros de Almadén 113

hasta la inclusión, unos años más tarde, de todos sus ingresos y gastos en el

presupuesto anual de las Minas. La nueva situación financiera supeditó la

marcha del nosocomio al caótico estado de la Real Hacienda, afectada por la

invasión francesa y, posteriormente, por las guerras carlistas. La traducción

de este hecho fue el retroceso significativo de su actividad.

Los primeros recursos captados por Villegas fueron los créditos concedidos

por distintos vecinos de la villa, principalmente miembros de la Congregación

de la Caridad y oficiales de las Minas, realizados en calidad de reintegro

a corto plazo. Los fondos posibilitaron el inicio de las obras de la plaza

en el mismo mes de agosto de 1752, ((respecto de que la demora en ejecutar

las cosas pertenecientes al Común entibia los ánimos de los bien hechores

» (48). Inicialmente, los trabajos sufrieron varias paralizaciones por falta

de dinero, situación que cambió a medida que las distintas partidas arbitradas

dieron sus frutos.

El alquiler de los inmuebles, destinados principalmente a los temporeros

y sus familias, comenzó a finales de 1753, con sólo ocho de las casas habilitadas.

Año y medio más tarde, en agosto de 1755, estaban ocupadas la mitad

de las viviendas, alojándose más de 200 personas (49). El ritmo de construcción

debió agilizarse entre los años 1755 y 1757, ya que el incendio que

afectó a la mayor parte de las galerías determinó el paro forzoso de un buen

porcentaje de los operarios. Tanto la plaza, como el propio hospital, que

empezó a construirse en noviembre de 1755, se beneficiaron del empleo de

un número mayor de trabajadores en su construcción, en un intento de evitar

una emigración masiva (50). Las obras de la plaza finalizaron en 1765,

con un importe total de 320.1 75 reales de vellón, a los que hay que unir casi

ochenta y cuatro mil más, por reparaciones llevadas a cabo desde 1765 a

1775. El conjunto de fondos obtenidos por su arrendamiento, entre 1754 y

1775, ascendió a 124.108 reales (51).

(48) A.H.N., Minas de Almadén, leg. 1.187.

(49) Providencia de 1 de octubre de 1753. A.H.N., Minas de Almadén, leg. 63; Comunicación a

Julián de Arriaga de 14 de agosto de 1755. A.H.N., Consejos, leg. 21.782.

(50) BERNALDEZ, F.; RÚA FIGUEROA, R. (1862) Reseña sobre la historia, la administración y la

producción de las Minas de Almadén y Almadenejos, Madrid, Imp. Vda. Antonio Yenes, pp. 18-

19, y ZARRALUQUI MARTÍNEZ, J. (1934) Los almadenes de azogue (Minas de Cinabrio). La

Historia frente a la Tradición, Madrid, Lib. Internacional de Romo, vol. 1, p. 185.

(51) Informe de la Contaduna de las Minas de 10 de octubre de 1776. A.H.N., Minas de Almadén,

leg. 1.187.

Los ingresos por fiestas de toros reportaron un montante inferior al esperado.

La Real Orden de 10 de mayo de 1754 prohibió la celebración de

corridas en todo el reino. La disposición, que respondía al intento de recuperar

la cabaña vacuna tras unos años de sequía y epidemias, afectó parcialmente

a Almadén, ya que Villegas, argumentando el destino de los ingresos,

obtuvo una dispensa valedera hasta la tenninación de la obras del hospital,

lo que posibilitó la celebración de algunas corridas (52). Una vez finalizado,

los rendimientos de las fiestas de toros continuaron aplicándose al hospital,

si bien, a partir de los años noventa, una porción de ellos fueron destinados

al de la Villa o de la Caridad, convertido en estas fechas en Casa de Misericordia

(53). El conjunto de festejos celebrados entre 1752 y 17 75 reportaron

26.512 reales, cantidad que, en unión de las rentas de las casas y mesón de

la plaza, alcanzó para financiar una tercera parte de su construcción y

mantenimiento (54).

La contribución directa de las Minas se redujo, en principio, a un conjunto

de multas y ahorros de pequeña cuantía (55), cantidades que fueron

destinadas, en los primeros momentos, a la asistencia de los ingresados en el

Hospital de la Caridad. La Real Orden de 16 de abril de 1753 ratificó la aplicación

de los fondos a la construcción del nuevo hospital en concepto de patrocinio

real (56). Los rendimientos de este capítulo, entre 1752 y 1775, ascendieron

a 44 1.454 reales (57).

La última partida importante de los caudales del Real Hospital procedió

de la venta de víveres a los trabajadores del departamento de Almadenejos,

una dependencia de las Minas en crecimiento desde mediados de siglo (58).

El producto de esta actividad, desde 1753 a junio de 17 75, supuso 560.703

(52) Loc. czt La licencia a Almadén para conunuar las corridas en R.O. de 25 de abril

de 1755.

(53) MATILLA TASCÓN, A. (1987), op czt., (n. ll), pp. 444-458.

(54) Informe de la Contaduna de las Minas de 10 de octubre de 1776. A.H.N., Mznas de Almadén,

leg. 1.187.

(55) Decreto del Superintendente Villegas de 1 de marzo de 1752, ((ordenando se consutuya

un depósito con las cantidades procedentes de faltas de herramientas, faltas de azogue a

los conductores, venta de bueyes viejos de la Carretena y pieles de los que mueren, ahorro

en carros de madera, y otras especies de corta consideración)). A.H.N., Minas de Almadén,

leg. 1.7 14.

(56) A.H.N., Mznas de Almadén, leg. 1.187.

(57) Informe de la Contaduría de las Minas de 10 de octubre de 1776. Loc. cit

(58) Decreto de Villegas de 15 de enero de 1753. A.H.N., Mznas de Almadén, leg. 1.714.

El Real Hospital de Mineros de Almadén 115

reales, casi la mitad del total de los ingresos (59). A estos recursos habría que

unir un pequeño montante procedente de multas, limosnas, venta de quina

y otros conceptos de escasa entidad y difícil cuantificación.

La edificación del hospital se prolongó durante más de 24 años, entre

1755 y finales de los años setenta. En realidad el inmueble estaba prácticamente

terminado en 1 7 7 4, pero la quiebra del Tesorero de las Minas obligó

a disponer de sus caudales para hacer frente al pago de los salarios de los

trabajadores (60). A pesar de no estar concluido, pues hasta finales de la década

continuó la habilitación de algunas dependencias, entró en funcionamiento

en marzo de 1774. El montante invertido en su construcción hasta

1775 ascendió a 367.969 reales (61).

En la Tabla 1 se resumen los distintos medios destinados a la financiación

del Hospital de Mineros y las casas de su dotación, entre los años 1752

y 17 75, así como los gastos de construcción y mantenimiento de ambos edificios.

Los ingresos procedentes del patrimonio inmobiliario del hospital

junto a los recursos generados en las actividades realizadas por su cuenta representan

las 315 partes de los fondos aplicados, correspondiendo el resto a

la participación directa de las Minas.

En el ínterin de la puesta en marcha del hospital los recursos económicos

captados también se destinaron a asistir a los enfermos de Almadén y

Almadenejos, ascendiendo el total gastado por este concepto, entre 1751 y

1775, a 3 13.901 reales (62). En 1755, Villegas ratificaba la necesidad de aplicar

fondos a este fin ante la persistencia de una situación de deterioro similar

a la vivida a comienzos de la década:

«… a no ser por los socorros que se hacen de los productos de las casas

construidas, y otros arbitrios con que se continúa la obra, perecerían muchos

enfernios de necesidad)) (63).

La asistencia dispensada durante el periodo fundacional se materializó

(59) Informe de la Contaduría de las Minas de 10 de octubre de 17 76. A.H.N., Mznas de Almadén,

leg. 1.187.

(60) Informe de Gaspar Soler de 15 de junio de 1777. A.H.N., Consegos, leg. 21.782.

(61) Informe de la Contaduría de las Minas de 10 de octubre de 1776. A.H.N., Mznas de Almadén,

leg. 1.187.

(62) Ibzdem.

(63) Comunicación a Julián de Arriaga de 14 de agosto de 1755. A.H.N., Consqos, ieg.

21.782.

116 ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO

de dos formas distintas. Por una parte, el Hospital de la Caridad, al que se

trasvasaron una buena parte de los recursos económicos captados, capitalizó

los cuidados sanitarios. De otro lado, se intensificó la concesión de socorros

económicos a los enfermos que permanecían en sus domicilios.

TABLA 1

Ingresos y coste de la constnución y mantenimiento del Real Hospital de mine~os y

casas de su dotación. 1 752-1 775

Ingresos Rs. vellón % .

Medios aplicados al Hospital por R.O. de 16-4-1753.

Desde 1752 a 1775 ………………………………………………………………. 441.454 38,8%

Utilidades por la venta de víveres en el Real de Almadenejos.

-2 Desde 1753 a junio de 1775 ………………………………………………… 560.703 48,6%

Arrendamiento de casas del Hospital.

Desde 1754 a junio de 1775 ………………………………………………. 124.108 10,8%

Corridas de toros.

Vanos años entre 1752 y 1775 ……………………………………………… 26.512 2,3%

TOTAL INGRESOS ……………………………………………………….. 1.152.777 100,0%

Coste de los ed-ficios Rs.vellón %

Construcción de la Plaza de Toros y 24 casas (1 752-1 765) …….. 320.175 41,5%

Reparaciones casas (1 7 66- 1 7 7 5) ……………………………………………… 87.751 10,8%

Construcción del Hospital (1 755-1 775) …………………………………… 367.969 47,7%

TOTAL COSTES …………………………………………………………. 771.895 100,0%

FUENTE Informe de la Contaduría de las Minas de 10 de octubre de 1776. A.H.N., Mtnas de

Almadén, leg. 1.18 7.

Como ya ha sido mencionado, la primera respuesta de Villegas ante la

falta de asistencia «corporal» y «espiritual» que sufrió la población en 1751,

fue destinar algunos fondos procedentes de multas a mejorar la exigua dotación

del Hospital de la Caridad, así como la incorporación, en septiembre

de 1752, del médico de las Minas a este centro. En julio de 1753, López de

Arévalo dirigió la primera de las representaciones al Superintendente, expresando

la dificultad de atender adecuadamente a los enfermos con la escasa

dotación disponible. El facultativo solicitaba la consignación de nuevas

partidas que garantizasen la correcta alimentación de los ingresados, algo

prácticamente imposible de hacer con el real diario que distribuía el mayorEl

Real Hospital de Mineros de AImadén 117

domo de la Congregación de la Caridad. Así mismo, exigió el cumplimiento

de la ordenanzas de esta comunidad, obligando a sus miembros a acudir a

las comidas y cuidados de los enfermos. La respuesta de Villegas he positiva

a todas sus pretensiones, destinando algunas cantidades procedentes de la

consignación de las Minas, ante la carencia de recursos en la cuenta del Real

Hospital de Mineros (64).

La segunda petición de López de Arévalo se produjo en el verano de

1754, otro año marcado por la presencia de una gran sobremortalidad en

Alrnadén. Villegas volvió a argumentar su decisión:

«El mayor número de enfermos que en este año [1754] se han recibido en

el Hospital de esta villa, con motivo del crecido concurso de forasteros a

los trabajos de Mina, y lo malsano del País, no sólo han consumido su

corta Dotación, sino también el importe de diferentes aplicaciones, y socorros,

que por mí, y de mi orden se han hecho, y otras considerables Limosnas,

que han entrado en poder de su Mayordomo. Y careciendo los que

existen hoy en camas de preciso alimento, y asistencia, por falta de fondos,

en ocasión que cada día se aumenta el número, a proporción que van creciendo

las enfermedades en el Pueblo: Teniendo presente la Real Resolución

que el Exmo. Sr. Marqués de la Ensenada me comunicó en fecha de 8

de agosto de 1752, …, mando se libren sobre el Caudal de Arcas de estas

Minas Mil y doscientos Reales de vellón y se entreguen a Don Francisco

López de Arévalo, Médico del referido Hospital, …N (65).

Entre 1754 y 1757, fecha del fallecimiento de Villegas, se sucedieron la

entregas al Hospital de la Caridad por un importe superior a 2.800 reales. A

diferencia del caso de 1754, en que las solicitudes se concentraron en el verano,

el periodo de mayor demanda asistencial, las ayudas acabaron extendiéndose

a lo largo de todo el año. Resulta difícil, sin embargo, cuantificar el

número de asistidos, toda vez que la única’información disponible se reduce

a los justificantes de la distribución de las ayudas, remitidos por López de

Arévalo. En conjunto, entre julio de 1755 y mayo del 57, es decir, casi dos

años, el número de estancias causadas ascedió a 1.160, cifra muy inferior a

la que arrojan los primeros datos fiables de que disponemos, referidos a

1768, en el que se produjeron 2.886 estancias. Así mismo, el número de

ingresados en los dos años citados fue de 77,’ de los que 49 eran varones,

frente a los 149 ingresos realizados en 1769 (66). El relevo al frente del Establecimiento

tras la muerté de Viegas, no afectó a esta política asistencial,

confirmada por el nuevo Superintendente Diego Luis Gijón y Pacheco (67).

El desvío de fondos del nuevo hospital al de la Caridad se mantuvo hasta

1774, fecha en la que se trasladaron los enfermos a aquel (68).

Las limosnas concedidas a los enfermos que permanecían en sus casas

incluían, en ocasiones, junto a una ayuda diaria de cuantía variable entre un

real y medio y dos, la asistencia de los facultativos y el costo de las medicinas

utilizadas en la curación. Este tipo de socorros, que afectaron a un contingente

creciente de personas, cesaron en gran medida una vez que entró en

funcionamiento el Hospital de Mineros (69).

Disponemos de algunas cifras que indican la magnitud económica de

estos socorros. Entre 1752 y 1775, las cantidades destinadas a la asistencia

de los enfermos ingresados en el Hospital de la Caridad y los atendidos en

sus domicilios, asciende a 215.467 reales de vellón (70). Casi el 70% del

gasto se dedicó a la manutención de los pacientes, donde se incluyen las limosnas,

destinándose la cantidad restante al pago de las medicinas utilizadas.

Del montante total hay que deducir 26.363 reales empleados en la asistencia

de los soldados ingresados en el hospital entre 1767 y 1775. Los militares

formaban parte de la tropa estacionada en Almadén para el resguardo

del Establecimiento. El coste de sus estancias, fijado de antemano, era reintegrado

por las autoridades militares a las arcas del hospital.

A esto hay que unir la nuevas necesidades de los pobladores del departamento

de Almadenejos. En julio de 1 758, Gijón y Pacheco decretó el traslado

de los enfermos a la iglesia de esta dependencia, donde se habilitaron

10 camas

(66) Loc. cit. Los datos de estancias hospitalarias de 1768 y 1769 en A.D.H.E., leg. 50.

(67) Decreto de 17 de junio de 1758. A.H.N., Minas de Almadtn, leg. 10. Durante 1766, hecontabilizado

un total de 10 concesiones de fondos por un importe total de 4.400 redes.

En 1767, fueron 15 las entregas al mayordomo del hospital, ascediendo el montante a

7.720 redes. A.H.N., Minas de Almadén, leg. 135.

(68) Informe de Gaspar Soler de 15 de junio de 1777. A.H.N., Consejos, leg. 21.782.

(69) Zbidem.

(70) Informe de la Contaduría de las Minas de 10 de octubre de 17 76. A.H.N., Minas de Almadén,

leg. 1.187.

El Real Hospital de Mineros de Almadén 119

(L.. para que con más brevedad recobren su salud, como para el menos

dispendio del caudal del Hospital, se junten, y asistan con el alimento, que

a cada uno corresponda, … )) (7 1).

Al igual que en Almadén, fue imprescindible conceder limosnas a los

trabajadores que no accedían a la enfermería habilitada. El costo de mantenimiento

de este centro y de las ayudas dispensadas, entre agosto de 1758 y

junio de 1 7 75, alcanzó los 98.434 reales (72). La cantidad dedicada a la compra

de medicinas no superó en este caso el 15% del montante anual, lo que

indica un mayor peso de los socorros económicos.

5. AUGE Y ESTANCAMIENTO DEL REAL HOSPITAL DE MINEROS

A partir de 1774, el Hospital de Mineros asumió la responsabilidad asistencial,

tanto en el ámbito sanitario como a través de la gestión de un porcentaje

importante de las limosnas y ayudas, principalmente en lo que a botica

se refiere. Por desgracia, ha resultado imposible localizar los registros

hospitalarios para los primeros años de funcionamiento. En ausencia de

tales noticias hemos optado por estimar el número de estancias hospitalarias

a partir del consumo de los principales alimentos consignados en las ordenanzas

provisionales del hospital de 1776. El procedimiento seguido permite,

al menos, vislumbrar la evolución del nivel de actividad del centro hasta

1786 (73). A partir de 1792, con la entrada en vigor del nuevo reglamento, se

(71) Providencia de 24 de julio de 1758. A.H.N., Minas de Almadén, leg. 1.714.

(72) Informe de la Contaduría de las Minas de 10 de octubre de 1776. A.H.N., Minas de Almadén,

leg. 1.187.

(73) El método empleado parte de los datos mensuales de consumo de los tres alimentos básicos

incluidos en la dieta del hospital, carne, pan y garbanzos, disponibles para el penodo

1774-1786. A la columna de consumos anuales hemos restado las cantidades correspondientes

a los sirvientes con derecho a ración, siete según las ordenanzas de 1776,

si bien su número se elevó hasta doce a mediados de los años ochenta. Las columnas

obtenidas para cada alimento las dividimos por el contenido de la ración diana destinada

a los enfermos. El reglamento provisional de 1776 contemplaba dos tipos de raciones.

Una para mineros, compuesta por ocho onzas de carne, dieciséis de pan y una de

garbanzos, y otra para militares, en la que las cantidades de carne y pan se incrementaban

en un 50%, es decir, contenían 12 y 24 onzas, respectivamente. La ración empleada

en el cálculo es la media de ambas. Este hecho supone infravalorar ligeramente él número

de estancias, ya que el ingreso de militares al hospital sólo representaba una cuarta

parte del total. Esta subestimación queda compensada en los años finales por el increregularizaron

los registros, por lo que podemos ohecer un perfil claro de la

marcha del hospital.

En la Tabla 2 se recogen los datos de ingresos y estancias para el periodo

comprendido entre 1774 y 1829. Los Gráficos 1 y 2 muestran la evolución

de cada uno de los parámetros por separado. La inclusión de un periodo tan

dilatado, 55 años, responde al intento de mostrar la relación existente entre

nivel de actividad y recursos económicos disponibles. En las figuras aparece

comprendida la etapa en la que el nosocomio alcanzó el mayor auge en su

labor asistencial, entre 1778 y 1809, época que coincidió con las mayores

dotaciones económicas.

TABLA 2

Estancias e ingresos anuales causados en el Real Hospital de mheros de Almadén, 1774-1829

Año Estancias estimadas Estancias reales Ingresos

(1) (11) (111)

mento del número de sirvientes. Las tres columnas de estancias estimadas, una por alimento,

han sido promediadas, obteniéndose los resultados que ofrece la Tabla 2. La

comparación con los datos conocidos para el trienio 1783-1 785, confirma la validez del

procedimiento. Datos de consumos: Relaciones mensuales de gasto del Hospital.

A.H.N., Minas de Almadén, legs. 1 .O08 y 1.412. Reglamento que por ahora se ha de observar

en el manejo fonnal del Real Hospital de Mineros de esta Fábrica de Almadén, titulado

de San Rafael. Obligaciones de sus Dependientes y sirvientes, y sus dotaciones (fechado

en 4 de diciembre de 1776). Archivo General de la Administración, Sección de Hacienda,

leg. 6.994.

El Real Hospital de Mineros de Almadén 121

TABLA 2

Estancias e ingresos anuales causados en el Real Hospal de mineros de Almadén, 1774-1829.

(Continuación)

Año Estancias estimadas Estancias reales Ingresos

Ir) (11) (IZZ)

TABLA 2

Estancias e ingresos anuales causados en ei Real Hospital de mineros de Almadén, 1774-1829.

(Continuación)

FUENTES: (1) Elaboración propia a partir de las relaciones mensuales de gasto del hospital.

A.H.N., Minas de Almadén, legs. 1.008 y 1.412.

(11) y (111) Datos 1774-1780, A.H.N. Minas de Almadén, legs. 1.714 y 1.187. Datos

1783.1785, Libro de Entradas de Enfermos del Real Hospital de Mineros.

A.D.H.E., leg. 102. Datos 1792-1829, Cuentas mensuales del Mayordomo del

Hospital. A.H.N., Minas de Almadén, legs. 1.412, 994, 1.036, 717, 686, 698, 1.067,

1.286, 1.583, 1.413, 1.418, 1.444, 1.387, 784 y 1.138.

El año 17 7 8 marca el inicio del periodo de expansión, duplicándose el

número de ingresos y estancias respecto a años anteriores. A partir de esta

fecha, los parámetros hospitalarios muestran el reflejo de diversos acontecimientos

que determinaron un incremento puntual de la demanda asistencid.

Así, la carestía de los años 17 79- 17 8 1, la epidemia de tercianas de 1785-

1786 o la crisis de subsistencias de los años 1804-1805 provocan picos en el

perfil de actividad del Hospital de Mineros. El año 1809, cuyos datos han

sido suprimidos de los Gráficos para no distorsionar el resto del periodo,

debe su intensidad al ingreso masivo de soldados a las salas del nosocomio y

a otras dependencias habilitadas al efecto, con motivo de la Guerra de Independencia.

Tras este año se inicia la fase de recesión del hospital en correspondencia

con sus mermados recursos financieros.

El incremento sostenido de la actividad del nosocomio a finales de la década

de los setenta puede ser explicado por un aumento de la demanda asistencial.

Entre los factores que contribuyeron a este aumento destacan el propio

crecimiento de la población de Almadén que, a un ritmo lento y gracias

a los avecindamientos de forasteros, se elevó a más de 4.000 habitantes en

los años setenta, frente a los escasos 3.000 con que contaba a mediados de

centuria (7 4).

Sin duda el principal responsable del aumento de la demanda fue la intensificación

del flujo migratorio estacional protagonizado por los temporeros,

responsables de la mayor parte de los ingresos hospitalarios. El número

de permisos de trabajo para ocuparse en las labores, concedidos en el año

(74) DOBADO GONZÁLEZ (1982), op. cit. (n. 6), pp. 390-396.

El Real Hospital de Mineros de Almadén 123

1776, ascendió a 625, por 1.465, en 1780. Estas cifras infravaloran el contingente

total de forasteros, ya que sólo los que se empleaban por vez primera

en las Minas estaban obligados a solicitar la autorización de la Superintendencia

(75). Un estudio de la procedencia geográfica de los 1.508 mineros

ingresados en el hospital, entre diciembre de 1782 y octubre de 1785, confirma

la poca frecuencia con que los operarios naturales de Almadén y su

entorno, Chillón, Alamillo, Almadenejos, Gargantiel y Guadalmez, pasaban

a las salas del nosocomio. Sólo un 14,2% de los varones ingresados consignaban

este origen. El 55% de los individuos que accedían al hospital procedían

de las provincias de Ciudad Real, sin contar Almadén y su entorno,

norte de Córdoba, Badajoz, así como de Pomgal, áreas geográficas que tradicionalmente

surtían de trabajadores temporales a las Minas (76).

Junto a estas razones de índole demográfica, a las que habría que unir el

traslado de los pacientes graves desde Almadenejos y el ingreso de forzados

al hospital, existieron otras que afectaban al deterioro orgánico de los trabajadores.

Una de las principales consecuencias que se derivaron del incendio

que asoló las Minas entre enero de 1755 y julio de 1757, cuyo origen se

achacó a los forzados, fue la retirada de estos de los trabajos de interior. En

sustitución suya se incorporaron los operarios libres que hasta entonces

quedaban preservados de estas tareas. Los efectos sobre su estado de salud

fueron destacados por Parés:

((Y se advierte, que como los Paisanos libres han tenido que substituir por

los Forzados en aquella parte de trabajo, se han cambiado los males; pues

hoy por esta razón enferman ya los Naturales, y no los Desterrados)) (77).

Otro elemento responsable del creciente deterioro de los trabajadores es

la mayor profundidad que alcanzaron las labores, resultado de la intensificación

del ritmo productivo de las Minas. Las noticias disponibles para la segunda

mitad del Setecientos no son muy clarificadoras, ya que sólo incluyen

referencias genéricas al estado de los trabajos. La información más tempra-

(75) Ibzdem, p. 401.

(76) Libro de Entrada de Enfermos del Real Hospital de Mineros de Almadén. A.D.H.E.,

leg. 102.

(77) PARES Y FRANQUÉS, J. (1 776) Apología de las Reales Mznas de Almadln del Azogue y de sus

Mzneros, sobre tmputdrseles a estos zmperícza en el arte de benejczar el Mercurio, y a aquellas escasez

de este Mzneml, y persuadzrlas nada peyudzczales a la salud de sus opemrzos, Ms., 222 fols. La cita

en fols. 101 v.-102.

na, 1755, corresponde a la suministrada por López de Arévalo (78). Según

su testimonio, las labores alcanzaban 130 varas de profundidad, es decir,

unos 11 7 metros, lo que correspondía aproximadamente al tercer piso de

las minas. La descripción que hizo Parés del estado de estas en 1780, sitúa la

profundidad de las dos minas en explotación, el Pozo y el Castillo, en el

quinto piso (79), lo que debía equivaler a unos 166 metros, si bien al relatar

las penosidades que rodeaban el desplazamiento vertical de los mineros en

los pozos les otorga una profundidad entre las 250 y 300 varas, equivalentes

a 210-250 metros (80). Este último dato parece excesivo pues 40 años más

tarde, en 1821, Cabanillas ubicaba los frentes de avance a una distancia

equivalente a 250 metros, confirmando la situación del quinto piso de las

minas a unos 167 metros de profundidad (81). Resulta evidente, pues, que

entre mediados de la centuria y finales de los setenta, las labores de interior

incrementaron su profundidad en un 40%, lo que, en ausencia de mejoras

significativas en los sistemas de ventilación, algo que está confirmado, permite

suponer un creciente deterioro de las condiciones de trabajo y por

ende un aumento de la demanda asistencial.

El crecimiento de la actividad del hospital estuvo acompañado de un incremento

similar de los gastos. En sólo cinco años de funcionamiento el desequilibrio

financiero del nosocomio, agravado por el progresivo deterioro

de sus ingresos económicos, alcanzaba los 100.000 reales. La Tabla 3 muestra

el montante de los ingresos anuales medios obtenidos por el hospital en

1774-1 7 75 y 1778-1 780. El descenso que se observa en la cuantía de los fondos

aplicados se debió a la práctica desaparición de los excedentes de carros

de madera destinada a la fortificación de las galerías, una de las partidas más

sustanciosas incluidas en la Real Orden de 16 de abril de 1753. La extensión

de las labores acabó por consumir la totalidad de la madera consignada a

este fin. En 178 1, Gaspar Soler confirmaba el origen del desajuste entre los

ingresos y los gastos del hospital:

(78) LE’ITRE de Don Francisco López de Arebalo, … en: THIERY, M. (1791), op. cit. (n. 25),

vol. 2, p. 22.

(79) PARÉS Y FRANWÉS, J. (1 785) Descripción histórico-Physico-médico-mineralógico-merca de

las Reales Minas de Azogue de la Villa de Almadén, Ms., 474 fols. Las afirmaciones en fols. 176

y 189 v.

(80) PARÉS Y FRANQUÉS (1778), op. cit. (n. l), fol. 12.

(8 1 ) CABANILLAS Y MALO, R. (1 838) Memona sobre Almadén. Anales de Minas, 1, 399-447;

p. 416.

El Real Hospital de Mineros de Almadén 125

«Al paso que se ha aumentado considerablemente el número de enfermos,

que en estos tres últimos años [1778-1780) se han admitido en el Real Hospital

de Mineros, por haber crecido extraordinariamente el número de trabajadores

forasteros, que han concurtido todos necesitados en tiempo tan

calamicoso, ha sucedido también minorarse el ingreso de renta, por la disminución

que han tenido los ramos asignados para dotación de Real Hospital,

habiendo cesado enteramente el de sobrante de carros de madera;

pues no bastando ya para la enmaderación de estas Reales Minas los 3.000

cargos que en los tiempos anteriores se juzgaban suficientes, y de ellos resultaban

sobrantes; exceden de 5.000 los precisos para dicha enmaderación

al presente)) (82).

La crisis financiera se saldó mediante la aplicación a los caudales del hospital

del producto de las hierbas y diezmos de la dehesa de Castilseras, una

amplia extensión de terreno, más de 7.000 hectáreas, ubicada al sureste de

~liadénP.r ecisamente, este fue uno de los objetivos que perseguía Soler

cuando solicitó, en 1778, la anexión de la dehesa, perteneciente a la Encomienda

de la Orden de Calatrava, al Establecimiento de Almadén. En la representación

dirigida a José de Gálvez, en junio de ese año, el Superintendente

responsabilizaba al exiguo término municipal de la villa y a la escasez

de terrenos de labranza de la limitación del vecindario, y por tanto; de la

falta de trabajadores. La agregación de la dehesa a la localidad, permitiría el

asentamiento de nuevos pobladores, además de extender las labores agrícolas:

((tomando en ellas [el vecindario] algún desahogo para convalecer de los

trabajos de minas, lográndose éste mayor ingreso de granos y frutos para

que sea menor la necesidad del surtimiento de fuera, a precios muy caros

… )) (83).

Junto al saneamiento de los trabajadores y el abaratamiento de las subsistencias,

la dehesa aportó una fuente complementaria de financiación para

el hospital. Soler tomó posesión de Castilseras en abril de 1780 y, un año

más tarde, se asignaba el producto de las hierbas y diezmos como dotación

del nosocomio (84). Las ordenanzas del hospital de 1791, normativa que

(82) A.H.N., Consejos, leg. 21.782.

(83) La representación, fechada el 10 de junio de 1778, se encuentra reproducida en DERECHO

de Almadén a la Dehesa de Castzlseras (El) (s.a.). Almadén, Tip. E. Gallego, pp. 2-8. La

cita en p. 6.

(84) R.O. de 3 de octubre de 1781. A.H.N., Mznas de Almadén, leg. 1.714.

126 ALFREWO MENÉNDEZ NAVARRO

rigió el centro durante la mayor parte del siglo XIX, confirmaron la consignación

de los productos de Castilseras, en unión de las cuatro partidas ya

existentes, al sostenimiento del Real Hospital (85).

En la Tabla 4 se muestra el montante medio anual por quinquenios que

alcanzaron los productos de la dehesa aplicados al hospital entre 1782,

fecha de la primera entrega realizada, y 1830, último año para e1 que disponemos

de datos. La media anual en los seis primeros quinquenios, es decir,

entre 1 7 82 y 18 1 1, arroja una cifra en tomo a los 82.000 reales, cantidad superior

a los ingresos medios anuales del hospital durante el trienio 1778-

1780. La aplicación de los productos de Castilseras supuso la duplicación de

los fondos disponibles, lo que permitió al Hospital de Mineros alcanzar el

mayor nivel de actividad de su historia entre los años ochenta y la Guerra de

la Independencia. El descenso paulatino de los productos de la dehesa a

partir de 18 10, cuya causa desconocemos, y la drástica reducción de los conceptos

arbitrados en los años fundacionales transformaron definitivamente

la estructura de los ingresos económicos del hospital.

En la Tabla 3 ofrecemos una estimación de las partidas que nutrían el

presupuesto del hospital realizada por la Contaduría de las Minas a partir de

los datos del quinquenio 18 17- 182 1. A las fuentes de financiación tradicionales

se unieron los fondos obtenidos por la venta de medicinas y por el

pago de las estancias efectuadas por individuos de solvencia económica o

que disfrutasen de pensión del Establecimiento, así como los productos de

Castilseras, muy mermados en estas fechas. Las partidas del periodo fundacional

muestran un retroceso significativo, excepción hecha de las rentas de

las casas de la plaza. La reducción es especialmente llamativa en el caso de

los ingresos procedentes de la venta de víveres en Almadenejos. A finales del

siglo XVlII este servicio pasó a ser desempeñado por un asentista, a cambio

de una cantidad prefijada que se destinaba al hospital (86). .Probablemente

el auge que experimentó esta localidad provocó la liberalización del comercio,

lo que explicaría la sensible reducción en los rendimientos de este capítulo.

En cualquier caso resulta evidente las dificultades de financiacióri que

atravesó el nosocomio, incapaz de hacer frente siquiera a una tercera parte

de sus gastos, estimados en el documento citado en unos 170.000 reales al

año.

(85) Constituciones y Ordenanzas para el Gobierno, y manejo del ~ea~lo spitadl e San Rafael

de Mineros de la Villa de Almadén, aprobadas en 30 de junio de 1791. A.H.N.,

Minas de Almadén, leg. 1.193.

(86) A.H.N., Mznas de Almadén, leg. 1.001.

El Real Hospital de Mineros de Almadén

TABLA 3

Ingresos anuales medws del Real Hospal a2 mineros.

Comparación entre 1 774-1 775, 1778-1 780 g 181 7-1 821.

(Cifras en redes de vellón)

1774-1 775 1778-1 780 181 7-1 821

(1) (10 (III)

R.O. 16-4-1753 21.870 11.634 4.700

Arrendamiento casas 5.427 8.348 9.000

Fiestas de Toros 6.319 7.340

Venta de víveres 45.085 44.797 934

Venta de medicinas y valor de estancias – – 5.000

Productos de Castilseras – – 3 1.300

TOTAL INGRESOS 78.701 72.119 50.934

FUENTES: (1 y 11) Informe de la Contaduna de las Minas de 10 de octubre de 17 76. A.H.N.,

Mznas de Almadén, leg. 1.187.

(111) Estimación de los ingresos económicos anuales del Hospital en base a los obtenidos

durante el quinquenio 18 17.1821. Informe de la Contaduría de las

Minas, de 4 de diciembre de 1821. A.H.N., Mznas de Almadén, leg. 10.

TABLA 4

Productos de la Dehesa de Castilseras aplicados al Real Hospital de mineros (R.O. 3-10-1 781), 1782-1830.

Medzas anuales por quinquenios

(cifras en reales de vellón)

Años Productos Tasa

(1) Faltan los datos para 1787 y 1788.

(2) Faltan los datos para 1815.

FUENTE: Datos 1782-1 799, A.H.N., Minas de Almadén, leg. 1.7 14.

Datos 1800-1830, DOBADO GONZÁLEZ, R. (1989), p. 1.058.

128 ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO

Desde el segundo decenio del siglo XIX los déficits fueron enjugados por

el Establecimiento, hasta que en los primeros años de la década de los treinta,

el Hospital de Mineros pasó a depender enteramente del presupuesto de

las Minas. La supeditación financiera al Establecimiento se produjo en unos

momentos marcados por la desastrosa situación de la Hacienda Pública, extenuada

tras la Guerra de la Independencia y embarcada en esas fechas en

costosos créditos para sostener las campañas contra los carlistas, amén del

retroceso económico provocado por la independencia colonial. Gracias a los

acuerdos de comercialización del mercurio firmados a partir de 1830 las

Minas, y el Hospital de Mineros con ellas, estabilizaron sus presupuestos

por la vía de los adelantos a que estaban obligados los contratistas (87). Ello

no fue óbice para que se adoptaran medidas destinadas a limitar los gastos

asistenciales, fundamentalmente la restricción del acceso al nosocomio y el

desvío de la asistencia hacia el medio domiciliario, más barato.

Las disponibilidades económicas no son, sin embargo, el único elemento

que permite explicar la pérdida de protagonismo del Real Hospital de

Mineros en la estrategia reproductiva del Establecimiento. A mediados del

Ochocientos, las Minas de Almadén comenzaban a vislumbrar una situación

diametralmente opuesta a la que originó la política de intervención iniciada

en la segunda mitad del siglo XVI. Por vez primera, las Minas afrontaron

los problemas derivados de la existencia de un excedente de mano de

obra. La instauración de un sistema de ((reparto de trabajo)), que suponía

una menor exposición de los operarios al ambiente tóxico, la institucionalización

de los jornales de saneamiento, una práctica que posibilitaba la recuperación

del minero empleándolo en labores de exterior, y la aparición de

un tratamiento efectivo del hidrargirismo son los elementos definitorios de

esta nueva situación. Los cambios propiciaron la creación de un modelo

asistencial distinto, que prescindió en gran parte del concurso del Real Hospital

de Mineros.

(87) MARTÍN MARTÍN, V. (1980) Los Rothschild y las Minas de Almadén. (El servicio de la deuda

pública española y la comercialización del mercurio de Almadén), Madrid, Instituto de Estudios

Fiscales, pp. 185-275.

El Real Hospital de Mineros de Almadén

ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO

Fuente: https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&ved=0CC8QFjAA&url=http%3A%2F%2Fwww.raco.cat%2Findex.php%2FDynamis%2Farticle%2Fdownload%2F105912%2F165400&ei=iDyoUeq2E4vo7AbAloC4Cw&usg=AFQjCNF5COiggvCD3viXUOihQpm2MLs5Vw&sig2=sZXqY2Rt6zZgu3Hr_m02OQ&bvm=bv.47244034,d.ZWU