En medio de un espacio apartado, queda una ciudad pequeña, humilde, pero con un nombre mítico para la minería: Almadén.

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En medio de un espacio apartado de los grandes tráficos viarios españoles, queda una ciudad pequeña, humilde, pero con un nombre mítico para la minería: Almadén.

Almadén ha sido un centro minero desde los inicios de la historia. De allí ha salido casi la mitad de todo el mercurio producido en la historia de la humanidad.

Las explotaciones que hace siglos producían todo el azogue destinado a la amalgamación del oro y la plata producidos en América; la mayor mina de mercurio del mundo, ya no está en producción

Aún así, Almadén sigue siendo un nombre mítico en la minería, y un lugar de interés, para aquellos que quieran conocer un retazo de la historia de la humanidad y unos paisajes bellos.

La ciudad de Almadén debe su nombre al árabe -Al-madin el asoh, la mina de azogue- y también debe a la minería del mercurio sus ciclos de prosperidad y decadencia.

Estamos en una zona montuosa, atractiva, al norte de Sierra Morena, en el extremo sudoeste de la provincia de Ciudad real, en el centro-sur español. Aquí, tradicionalmente, la reina del paisaje es la encina. De hecho, en los bellos campos perviven magníficos encinares, salteados de otra serie de árboles: alcornoques. quejigos, rebollos, madroños, etc., y matorrales donde reina la olorosa jara.

Esta tierra linda con Extremadura y Andalucía, y es una síntesis de éstas y del territorio manchego, famoso por haber sido el mundo del que surgió un hidalgo loco, idealista, llamado Don Quijote.

Mucho antes de que Cervantes escribiera la vida del hidalgo, ya había por este país de encinas una actividad minera.

Por aquí estaba Sisapo, ciudad cuyo nombre celta significaba cueva que contiene metales. Ya Teofrasto, discípulo de Aristóteles, afirmó la alta estima del cinabrio que procedía de la Península Ibérica. Los romanos explotaron las minas del territorio para obtener el cinabrio(sulfuro de mercurio) de color rojo bermellón, que se utilizaba para pintar y teñir.

Los árabes también se dedicaron aquí a la minería durante los siglos VIII al XIII, cuando esta comarca volvió a poder de los cristianos. Hay muchos nombres árabes en los pueblos de la zona: Abenójar, Almadén, Almadenes, Guadalmez, etc. Y también hay muchos términos vinculados a la minería que deben su raíz al árabe: aludel, azogue, alambique, alarife, etc.

Se dice que ya en aquellos tiempos descendían los obreros varios centenares de metros en busca del preciado mineral, del que se obtenía el azogue –mercurio- y excelentes tintes. El primero era sumamente apreciado por los alquimistas y médicos para preparados medicinales, los segundos tenían fines de ornato.

En el siglo XIII, cuando se reconquistó Almadén por las tropas cristianas, la mina fue entregada a la Orden de Calatrava, que arrendó su explotación a particulares (catalanes, genoveses, etc.) Pero en 1523 retornó la administración de los bienes de las Órdenes a la Corona.

Durante la Edad Media, de la producción minera se obtenía el bermellón, el azogue y el solimán, producto derivado del azogue y utilizado para el curtido de los cueros.

La Corona española pronto tuvo que arrendar el establecimiento. La gran mina pasó a estar controlada durante los siglos XVI y XVII por la banca alemana de los Függer, como contrapartida de los créditos concedidos por aquella a Carlos I.

Los tiempos de los Fugger fueron buenos para la explotación. De 1525 en adelante se fueron poniendo en marcha mejoras técnicas y organizativas. Entre las primeras figura el horno de destilación del azogue debido a Saavedra Barba diseñado en 1633 en Huencavélica (Perú) y el procedimiento de amalgamación de la plata, conseguido por Bartolomé de Medina en Pachuca, México en 1555.

Fue a partir de éste periodo cuando Almadén se transformó en un centro vital para la minería americana.

Hoy, la bella puerta neoclásica de la gran mina nos evoca la salida de los cargamentos de azogue que, a través de Sierra Morena, acababan en la llanura del Guadalquivir, en Sevilla, desde cuyo puerto se embarcabas en dirección a América.

Era tal la importancia de este flujo que se llegaron a construir barcos especiales para el transporte del mercurio, como el Tolosa, de 1.500 toneladas, o el Guadalupe de 1.000 toneladas.

El siglo XVIII fue fatal. Mermó la producción minera por agotamiento de algunos filones y hubo que buscar otros nuevos. Para más desgracia, un incendio legendario destruyó las explotaciones, murieron numerosos trabajadores y cesó la extracción durante dos años. La bellísima plaza de toros de Almadén es una construcción que nos recuerda aquella tragedia. Fue construida a partir de 1755, para dar trabajo a los mineros inactivos.

Pero tras una época mala retornó la producción. En tiempos del rey Carlos III, se remozó la gran mina y se introdujeron mejoras técnicas. Para ello, se creó una Escuela de Minas(1977) y se trajeron especialistas de la escuela alemana de Freiburg. El fin del siglo y los inicios del siguiente fueron de gran desarrollo.

En el XIX volvió la crisis. Independencia de América, tensiones laborales, declive económico español..

La situación administrativa del estado motivó que la producción cayera en manos francesas e inglesas. En el XX hubo algún momento de resurgimiento. En el año 1941 se alcanzó el récord de producción: 82.000 frascos de mercurio.

Pero a partir de los años setenta la demanda del mercurio cayó. Se alertó sobre los peligros del mismo y surgieron productos alternativos… Si en algún momento la mina tuvo 6.000 trabajadores, poco a poco fueron abandonando la explotación.

En el 2003 llegó el cierre de la actividad extractiva… Ahora todo se quiere transformar en un gran Parque Minero que sirva para mostrar al mundo una explotación legendaria, y que atraiga turismo para revitalizar una población que ha mermado a la mitad en las últimas décadas.

El parque tiene un a tractivo inusual, porque Almadén ha sido el mayor yacimiento de mercurio conocido. De allí se ha obtenido la tercera parte del mercurio consumido en la historia de la humanidad, unos siete millones y medio de frascos. El frasco contiene 34,5 Kg. de este metal y representa la unidad de cotización.

En el entorno de Almadén existen otros yacimientos de mercurio, El Entredicho, Las Cuevas, etc, cuya producción total se estima en la décima parte de la mina de Almadén. Hoy todas las minas han cesado su labor extractiva.

El atractivo de la zona se refuerza con el Parque Minero, un lugar donde contemplar el proceso de explotación del mineral.

El visitante del Parque Minero tendrá un recorrido por las instalaciones mineras y metalúrgicas de la mina (interiores y exteriores) y podrá contemplar los diferentes procesos de explotación del mineral, desde la extracción del cinabrio en el interior a su transporte a los hornos de destilación.

El público, provisto de lámpara y casco, accederá hasta la primera planta del yacimiento, situada a 45 metros de profundidad, “y recorrerá una red de galerías y explotaciones mineras de los siglos XVII y XVIII, donde conocerán elementos característicos como el Baritel de San Andrés o la Galería de Forzados, por donde eran trasladados los presos de la antigua cárcel de Almadén.

También recorrerán el Cerco de Buitrones en un tren de vagonetas y contemplarán los diferentes hornos de destilación. Por último, se visitará el Museo del Mercurio, en el edificio de envasado y almacén del mineral.

Una ciudad que, a pesar de no poseer grandes monumentos, huele a historia y deja buen sabor de boca.

La ciudad está desparramada en torno a un cerro alargado con dirección este-oeste y cuyo extremo occidental está coronado por las ruinas del castillo de Retamar.

No hay monumentos espectaculares. Tal vez lo más original es la plaza de Toros, íntimamente vinculada a la historia de la minería local.

Pero en el lugar se encuentran retazos de historia y sabor minero, en medio de un entorno atractivo pero humilde, y con sabiduría popular en materia culinaria.

El castillo es originario de la época árabe y ampliado por los señores de la Orden de Calatrava.

Una torrecilla-campanario, con un humilde reloj, corona el muñón de los restos del castillo, en cuya base se ve la roca, con vetas del rojo bermellón característico del cinabrio.

Este castillo era parte de la red de fortificaciones que se extendían por las sierras cercanas, como elemento de vigilancia y defensa en tiempos más turbulentos.

Al lado del castillo, está la iglesia más vieja de la ciudad, cuyo campanario asoma sobre la mina milenaria.

Es del siglo XVIII, con planta rectangular y una sola nave. Estructura humilde y sencilla, de ladrillo, una humildad que se refleja en el barrio alto, un barrio casi deshabitado. El temor a la mina hizo más atractivas otras partes de la ciudad.

Otra vieja iglesia, de la misma época, se halla en la plaza de la Constitución, en el centro de la ciudad. Tiene planta de cruz griega, con viviendas adosadas a ella. Su fachada ha sido recientemente restaurada. Con su ladrillo original, el templo refleja a la vez humildad y hermosura.

Ya en la zona relativamente nueva de la ciudad está otro edificio religioso. Sobre una vieja ermita de Jesús Nazareno, se edificó en 1747 la iglesia de Nuestra Señora de la Estrella, la principal parroquia de la ciudad. Tiene planta de cruz latina y portada con columnas dóricas, y una fuerte torre cuadrada con reloj coronada en chapitel metálico.

La gran mina es como un enorme artilugio depositado en un extremo de la propia ciudad.

En ella está un estupendo museo del Cinabrio, visitable mediante solicitud previa, y una serie de instalaciones que ya son valiosa arqueología industrial y minera.

Un elemento histórico de interés es la Puerta de Carlos IV, neoclásica, construida en 1795. Es de ladrillo y con arco rebajado; de doble columna adosada a doble pilastra y frontón triangular con escudo en piedra blanca.

Por esta puerta, se accedía a las instalaciones metalúrgicas. Por ella salían las carretas que transportaban el mercurio desde Almadén a Sevilla para la minería de americana.

Dos grandes edificios destinados a la enseñanza del oficio y a la cura de los males derivados del azogue.

Hospital

También en los días del pavoroso incendio de la gran mina, se empezó a construir el hospital, primer centro especializado para tratar los males derivados del azogue, y las epidemias que afectaban a la población minera.

Destaca en una orilla de la ciudad por su bella y austera fachada con un cuerpo central integrado por la bella puerta de acceso, la balconada y una espadaña. En un nicho, la imagen del arcángel San Rafael, patrono del personal sanitario.

En su interior unas buenas salas abovedadas destinadas a la enfermería

Academia de Minas

Construida en 1782 y situada en la calle Mayor de San Juan en el casco antiguo de la población, este edificio albergó hasta 1973, cuando se traslado a la nueva Escuela Universitaria Politécnica, la enseñanza de la minería desde los antiguos Capataces, Facultativos y Peritos hasta los actuales Ingenieros Técnicos de Minas.

El edificio es de dos plantas con dos sótanos, gracias a la inclinación del terreno en la parte posterior, lo mejor del edificio es la portada con columnas y balcón en la parte superior, en el remate tiene un pequeño balcón bajo y un escudo, todo ello en piedra, el resto de la fachada está enfoscado y pintado con dibujos de almohadillado

La plaza de Almadén es bastante inusual. No es redonda, como la generalidad de los cosos taurinos, sino hexagonal.

Tras el incendio que destruyó la gran mina, en el siglo XVIII, se utilizó a buena parte de los mineros en la construcción de la

Tiene capacidad para contener 4.000 personas. Su superficie está rodeada de bellos balcones cubiertos. Es Monumento Histórico Artístico desde 1979. Ha sido tradicionalmente utilizada como residencia(pequeñas viviendas) hasta 1998, que ha sido remozada un convertida en un lujoso hotel.

Se considera a Almadén cabecera de comarca con pueblos como Almadenejos, Agudo, Alamillo, Chillón, Saceruela, Valdemanco del Estera, Gargantiel o Guadalmez.

Entre los pueblos citados hay que destacar a Chillón. Un pueblo con un ambiente más agrario y un bello paseo hasta el cerro de la Virgen del castillo, donde se tienen unas excelentes vistas sobre la región. En el casco urbano destaca la iglesia de San Juan Bautista, muy bella, con su excelente techumbre mudéjar y una graciosa torre que no es sino la torre del homenaje del castillo que hubo en el lugar, y que fue remodelado para la edificación del templo. A su lado esta una bella ermita del Cristo.

Es también interesante la cercana población de Almadenejos. La población está cercada (en su origen fue una mina), con una airosa puerta de entrada. Cerca de ésta se halla el malacate de San Carlos, otro pequeño edificio de una explotación de mercurio del siglo XIX.

Fuente:guiarte.com

Plaza de toros de Almadén

138842686416728000_resizedLa Plaza de Toros de Almadén fue construida en 1752 y supone la aparición de uno de los primeros edificios construidos expresamente para celebrar fiestas de toros en España y en el mundo, que combinaba, y aún hoy combina, esta función con la residencial.

Se trata de un edificio de forma hexagonal que alberga un coso taurino de notables proporciones (con forma de polígono hexagonal que queda inscrito en una circunferencia de 43 metros de diámetro), rodeado por dos galerías y cuya parte exterior fue concebida inicialmente como viviendas, en una época en la que la explotación de las minas de azogue requerían por orden de la corona española una laboriosa intensidad.
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