Cercado de infortunios El forzado de Almadén

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“Cercado de Infortunios, Ovidio remitia desde su Presidio a Roma sus escritos guarnecidos mas que con colores de Minio o con otros adornos que los hiciesen vistosos, con suspiros de su pecho… pues cuanto le es propio al Rui Señor en la deliciosa sombra de la selba cantar melodías, tanto le es al cautivo en la Violenta Cadena de su Prision llorar sus desdichas, y entrándose en el Subterraneo hasta doscientas y cinquenta, y trescientas varas de profundidad, descolgándose de la faz de la tierra a sus cabernas obscuras, ya por cinteros o cordeles por medio de tornos, o ya por escaleras perpendiculares clavadas en las mismas paredes de los tornos. Quantas desdichas padecen estos operarios en este primero paso de entrada a estas Minas! Unas veces se rompe la maroma, otras se dispara el Uso, y otras la misma escalera se desclavo, y se ven los que handan tan peligroso camino llegar rodando a lo profundo con heridas de mucha gravedad y contusiones mortales, sino llegaron muertos ya, hechos pedazos sus cuerpos infelices sin tiempo para recibir el sacramento de la extrema uncion”
Este el último escrito que aparece en el diario, triste final tiene. Un poco exagerado tanto en la retórica como si tenemos en cuenta que habla de 250-300 varas de profundidad, que equivaldrían a 209-250 metros. Esta es la profundidad a la que se encontraba la mina en 1821 según las memorias de Rafael Cavanillas de 1838, más de 40 años después.
El 26 de agosto de 1778, Josef recibe una nueva amonestación del superintendente, quien ordena al alcaide de la cárcel “… que a Josef Ramon de Osta, Forzado de ellas, se le asista con la racion de menor, apercibido de ser castigado con rigor si reincidiese en sus excesos.” No he conseguido saber la causa de este nuevo castigo.
Ya no se sabe más de Josef con vida, sólo que empeora su estado “…pues han sido repetidas las ocasiones en que este forzado ha estado muy postrado agrabandosele las resultas de su herida”. Así, a consecuencia de la infección nunca curada, Josef Ramón de Osta y Fernández murió el 7 de noviembre de 1778 a las diez menos cuarto de la noche tras pasar en la cárcel de Forzados de Almadén cuatro años y tres meses escasos. Su maestro, el doctor Joseph Parés y Franqués, firmó su certificado de defunción que dice:
“En el Campo Santo del Real Hospital de esta villa del Almadén, en ocho de noviembre de mil setecientos setenta y ocho, se enterró a Josef Ramón de Osta y Fernández, que murió de muerte natural después de recibidos los Santos Sacramentos de Eucharistia y Extremauncion y lo firma: Joseph Parés”.
Fuente: efeverde.com