Trujillo, Cuna de la Hispanidad

Con este reportaje fotográfico les llevamos hasta Trujillo, Cuna de la Hispanidad.

La ciudad se estructura en torno a la monumental Plaza Mayor, que se encuentra presidida por una estatua ecuestre de Pizarro realizada en bronce. Durante siglos, ha sido el centro de la vida social y comercial de la urbe, albergando mercados, fiestas y todo tipo de espectáculos. En el siglo XVI se convirtió en una plaza señorial, ya que los conquistadores y diversas familias de la nobleza comenzaron a edificar en ella casas y palacios. Alrededor de la plaza se alzan las iglesias de San Francisco (1600), Santa Clara (finales siglo XV) y San Martín, construida entre los siglos XIV y XVI. El templo, de una sola nave y bóveda de crucería, alberga en el interior varias capillas laterales renacentistas. Además, existen numerosos palacios y casas solariegas (siglos XVI-XVIII) que se caracterizan por sus balcones en ángulo, elemento propio de la arquitectura civil trujillana. Es el caso, por ejemplo, del Palacio de los Duques de San Carlos (siglo XVI), con el típico balcón esquinado y el escudo de armas de la familia Vargas-Carvajal. Tras la fachada principal se esconde un patio interior construido en estilo clásico y planta cuadrangular, con dos alturas y arquerías de columnas toscanas. El Palacio del Marquesado de Piedras Albas es otro de los edificios nobles que dan a la plaza. Esta casona renacentista, obra de Pedro Suárez de Toledo, ocupa los soportales conocidos como los “del pan” y destaca por tres arcos escarzanos. Uno de los más destacados de este entorno es el Palacio de los Marqueses de la Conquista o del Escudo. Su construcción, en 1570, fue costeada por Hernando Pizarro. En su fachada se encuentra un balcón de esquina con decoración plateresca y dos columnas abalaustradas. El conjunto está rematado por el escudo de Francisco Pizarro. En las calles empedradas que parten de la plaza aparecen otras residencias nobles, como la Casa del Peso Real o de los Chaves Cárdenas, gótica con añadidos renacentistas, o el Palacio de Juan Pizarro de Orellana, del siglo XVI. Éste último perteneció al primer corregidor de la ciudad peruana de Cuzco y fue transformado en palacio renacentista tras ser la casa-fuerte de Diego de Vargas. El edificio posee en su interior un patio de estilo plateresco. Mientras, el Alcázar de los Altamiranos o Alcazarejo fue erigido por Fernán Ruiz a partir del siglo XIII. Destaca en él su portada principal, del siglo XVI, flanqueada por dos torres desmochadas y con el escudo de los Altamiranos

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