Viva la Virgen de la Mina de Almadén y su Comarca

Viva la Virgen de la Mina.
La existencia de los yacimientos de cinabrio en Almadén se remonta a la época romana. Plinio, en el primer siglo de nuestra era menciona la existencia de una ciudad llamada Sisapo donde había unas minas que se extraían unas piedras conocidas como bermellón, es el nombre empleado por el cinabrio.

Con la llegada de los visigodos supuso un paréntesis en muchos aspectos de la humanidad y el cinabrio no es ninguna excepción. Más adelante, los árabes reabren la explotación de la mina de Almadén, palabra árabe que significa “Mina”. Se calcula que en este periodo llegaron a trabajar más de 1000 mineros a una profundidad de 70 metros. Muchas de las palabras árabes empleadas en la minería han llegado a nuestros días como albañil, alubeles, eran los caños donde se enfriaba el mercurio, las jabecas, hornos más antiguos de Almadén.

Con la reconquista del sur de la Península Ibérica por los cristianos en 1151 y ante la inestabilidad de esta frontera, se cede la explotación del territorio a la Orden de Calatrava (de carácter militar), lo que incluye las minas de Almadén.

La llegada del rey Alfonso VIII, en el año 1168, supone un nuevo reconocimiento de la cesión al Maestre de la Orden Calatrava, estos son incapaces de seguir con la explotación de la mina y subarriendan la explotación a unos industriales catalanes que nuevamente los ceden a unos comerciantes de Génova, el pago se hace por un porcentaje del mercurio.

En febrero de 1368, las minas son nacionalizadas y pasan a ser propiedad de la Hacienda Real, pero regenta la explotación a la Orden de Calatrava. Esto permite tener un control sobre la producción del mercurio.

El emperador Carlos I tiene que pedir dinero a unos banqueros alemanes para poder hacerse cargo de la corona de España, son los hermanos Fuggers los que aparecen en Almadén para resarcirse del anticipo consiguiendo a cambio el usufructo de las minas de Almadén, el canon impuesto por la explotación era 207.000 Kg. En 1545 se cambia el contrato a los herederos de los Fuggers por periodos de 10 años a cambio de 63.000 Kg. anuales.

La enfermedad y la crueldad estaban siempre rondando alrededor de la mina. La enfermedad de todos los trabajadores se la denomina “El Baile de San Vito”, era el nombre familiar para una enfermedad tan terrible que se llama médicamente: El mercurialismo o hidrargirismo, es el conjunto de los trastornos patológicos debidos a una intoxicación aguda o crónica producida por el mercurio.

La mayor relevancia de mercurio se produce cuando el religioso nacido en Lepe, Álvaro Alonso Barba, estudiando textos árabes y romanos, conoce un método para amalgamar la plata y el oro –básicamente consistía en mezclar el mercurio con el mineral de plata para obtener el mineral puro– en las minas del Nuevo Mundo.

Carlos IV para incrementar la producción de oro y plata, íntimamente ligada a la exportación desde España de la mayor cantidad de mercurio posible, se aprueba la exención de impuestos de los obreros de la mina de Almadén.

En 1755 se produce un incendio en el interior de la mina, mediante una tea mal apagada prende toda la madera acumulada en paredes y techos, este incendio dura dos años y medio en que no puede explotarse la mina.

La independencia de las colonias en América supone un duro golpe para la hacienda española, decidiéndose hipotecar las minas y se concede el monopolio de la extracción y venta del mercurio a diversas casas comerciales. Los Rothschild –dinastía europea de judíos alemanes que llegaron a controlar los medios de producción del oro y plata en todo el mundo gracias a la concesión de las minas de mercurio españolas– fueron los más beneficiarios, al tener la concesión más importante entre 1835 y 1911.

De toda la mina destaca el impresionante pozo de san Teodoro, fue ampliándose sucesivamente y en la actualidad tiene 4,5 m. de diámetro y llegando a una profundidad de 522 metros, como ya he explicado al ir en paralelo con el pozo de san Miguel, se convirtió en el pozo principal de la mina, fue revestido de hormigón y dotado de guías metálicas para el deslizamiento de jaulas.

La enorme construcción superior de 30 metros que sobresale del pozo, alberga un castillete que acciona don jaulas independientes, con una capacidad de extracción de 50 toneladas hora.

Este pozo fue construido en el siglo XVIII como torno de extracción del mineral en la conocida como “Mina del Hoyas”. Con la llegada de las máquinas de vapor se construye aquí el primer ingenio mecánico que servia para desaguar una mina.

Este pozo bajo en su rendimiento y fue sustituido en 1975 por el pozo de san Joaquín, situado en el cerco de los Buitrones que llego hasta una profundidad de 716 metros.

Mientras llega la hora de bajar al centro de la tierra tenemos oportunidad de contemplar el pequeño museo instalado en el antiguo Edificio de Compresores, este edificio fue construido en 1924 para albergar las mecanismos que comprimían el aire para las máquinas del interior de la mina, sobre todo los martillos de perforación que se utilizaban para picar el mineral.

El Pozo San Miguel se abrió en el siglo XVIII en el corazón de la ciudad, se utilizaba para la extracción de material y la entrada de materiales porque contaba con una prensa. Además, disponía de un castillete de madera en el que se enrollaba el cable para bajar a la mina. En el siglo XIX, fue nuevamente profundizado hasta principios del siglo XX.

Al estar enclavado en el centro de la población era un foco de conflictos y en 1955 se termino por cerrarlo y fue dedicado únicamente para la ventilación de la mina, en 1966 fue puesto nuevamente en explotación y se volvió a profundizar hasta alcanzar la planta 19, en paralelo con el pozo de san Teodoro, llegando a una profundidad de 500 metros.

Desde la construcción del pozo, el aire tenía una tendencia natural para entrar por san Teodoro y salir por san Miguel este circuito solamente funcionan hasta el verano en que esta ventilación natural quedaba paralizada con lo que se tenia que ralentizar la extracción minera; se tubo que instalar un ventilador aspirante para cumplir en esta época del año con las necesidades de oxígeno en el interior de la mina.

La visita a este museo es un primer acercamiento al significado la extracción del mercurio y los útiles empleados durante siglos para hacer aflorar este codiciado metal antes de extraerle el mercurio.

Nos colocamos un casco y una linterna de minero y bajamos a la mina mediante el mismo ascensor que diariamente era utilizado por los mineros a través del montacargas del pozo San Teodoro.

Esta primera parte de la mina esta totalmente revestida de piedra y ladrillos que más bien pudiera parecer una bodega de vino, que una mina al uso. Esta zona que recorremos fue explotada entre los siglos XVI al XVIII. Poco a poco llegamos a los pasadizos no tan seguros donde predomina los entablamentos de madera que sujetan los pisos superiores para evitar los hundimientos. Modernas máquinas están abandonadas dedicadas a la excavación y a los estudios geológicos de las paredes de la mina: compresores, lazas térmicas, máquinas de taladro, etc. Pasamos por zonas que están entabladas mediante unas complejas paredes metálicas, otras de roca que están totalmente descubiertas, túneles donde se combinan los arcos de metal con la madera, pasamos por zonas donde las paredes están tan perfectamente revestidas de ladrillo que más bien parece la línea 1 del metro de Madrid.

Llegamos a una gran sala subterránea se llama el Baritel de San Andrés, es como una enorme iglesia de una sola planta excavada en el subsuelo, fue construido a mediados del siglo XVIII, tiene una enorme torno de madera que era movido las 24 horas por mulas, es un enorme cabestrante para desaguar desde el interior de la mina.

Nos vamos moviendo por numerosas galerías que discurren materialmente por debajo del pueblo de Almadén, se calcula que desde el comienzo de la mina se habían extraído más de 250.000 toneladas de mercurio. La mina tiene un perfil de un superrascacielo vertical invertido, es como una colmena en el corazón de la tierra.

La extracción y conducción del agua era una de las tareas más dificultosas dentro de la mina, era el trabajo que hacían los presos, principalmente por su dificultad física y por estar en zona de extracción de aire, era el lugar donde los efluvios del mercurio tenían mayor densidad, los trabajadores eran atacados con la enfermedad del azogue.

Terrible enfermedad que el mercurio penetraba en el sistema nervioso produciendo temblores hasta llegar a una de las muertes más horribles del ser humano. Los presos condenados a trabajos en galeras solamente podían conmutar la pena por los trabajos en las minas de Almadén. Las galeras conducían a la muerte segura y la mina de Almadén a una muerte lenta y dolorosa, la única diferencia era que para morir no hacia falta desplazarse muy lejos. Esta mano de obra que llegaba a Almadén gracias al acuerdo entre el rey y la concesión minera a Marcos Fúcar y sus hermanos, tuvo como consecuencia que la producción de azoque (mineral en bruto) se duplicó y de esta forma permitía atender la fuerte demanda del mineral en América para aumentar la extracción de plata. Una investigación enviada a la mina para acallar la alarma que producían las noticias de las atrocidades que cometían estos administradores con los presos, revelo que la comida y la ropa no les faltaban pero se les asignaba los trabajos más peligrosos como era este de sacar el agua mediante tornos desde esta sala en las profundidades del interior de la mina. Estos presos tenían que tirar trescientas “zacas” de agua entre cuatro presos sin cesar durante doce horas seguidas, no se tuvo en cuenta cual era la consecuencia de ocupar ese punto de trabajo dentro de la mina que desembocaba casi siempre en la enfermedad y posteriormente en su muerte.

Comenzamos a caminar por la galería de forzados que acaba en un refugio de la guerra civil. La galería termina cerca de donde esta la actual escuela de minas, que desemboca donde estuvo en su día la cárcel de forzados. Todos los días los forzados eran conducidos desde la cárcel a la mina por la galería donde estaban trabajando en turnos de 12 horas.

De regreso llegamos a una sala donde esta la virgen de Nuestra Señora de la Mina, este en su nuevo emplazamiento porque hace una década, se celebraba un rosario frente a la hornacina excavada en la planta 19 del Pozo de San Joaquín de Minas de Almadén “donde bajaba todo el mundo para contemplar la imagen de la Virgen”, este pozo se encontraba situado a más de 700 metros de profundidad.

Para terminar la visita subterránea, subimos a la antigua salida de mineral por una cinta transportadora. La salida de la mina se hace mediante un pequeño tren que nos conduce a una velocidad endiablada hasta la luz de sol.

La visita al Horno Bustamante es una de la más interesante de la mina. Fue construido por Juan A. Bustamamte en 1646. Es una copia del horno inventado por Saavedra Barba en 1633 en Huencavelica (Perú). El horno consta de dos cuerpos rectangulares enfrentados y de dos alturas mediante unos tubos especialmente diseñados de cerámica llamados canales de destilación, con forma de “V” para facilitar la destilación del mercurio. Los hornos están construidos con ladrillos macizos refractarios. Uno tiene dos chimeneas y cuatro ventanas o miras. Estuvieron en funcionamiento casi tres siglos, dejando de utilizarse en 1928, se calcula que por este horno se había producido 46.000 toneladas de mercurio.

Los trabajadores del Horno Bustamante eran los reos con condenas graves, las consecuencias de trabajar en este punto era letales, se les obliga entrar a los hornos mucho antes de que el horno tuviera una temperatura visitable. Tenían que acceder a sacar las ollas y salían quemados, se les quedaban pegados la piel de las manos a las ollas y las suelas de los zapatos al interior del horno, algunas veces el vapor era tan intenso que las orejas se les arrugaban y se les erizaba hacia arriba, momento en que por lo general morían en el acto. El humo del azoque muchas veces les producían dolorosas llagas en la boca, en este caso se les cambiaba la comida en base a huevos y migas. Pronto el humo les atacaba el sistema nervioso afectando a la memoria y la razón, este tipo de la manifestación de la enfermedad se le conocía con el nombre de “azogaban”.

Los presos tenían a su disposición la enfermería y la botica, se les atendía cuando verdaderamente estaban enfermos y recibían los cuidados oportunos, se les internaba en unas saunas secas donde se les hacia sudar para expulsar el mercurio al exterior por la piel para que no pasase al torrente sanguíneo, estos enfermos por lo general se reponían pero no se les dejaba convalecer hasta su curación y se les devolvía al duro trabajo en la mina; por lo que la recaída se producía a los dos o tres días.

Seguimos la visita por el Museo del Mercurio, se encuentra en el antiguo Almacén de Azogue . Es un edificio para usos industriales construido en 1941.

En su portada de piedra caliza blanca a cuarterones tiene en la entrada la decoración de dos medallones y un frontón sobre cornisa.

El patio central del edificio, está dedicado a la geología de las minas, y se podrán contemplar fósiles, rocas y minerales de Almadén y sus alrededores.

En la sala de los hornos , se explica mediante maquetas a escala, la evolución de los hornos de mercurio en Almadén. También pueden verse piezas de los hornos para destilar el mercurio. Los envases en que era distribuido por todo el mundo.

En la sala dedicada a las ciencias del mercurio podemos apreciar las propiedades de este metal, una copia de la representación atómica del mercurio, el único líquido, más denso que el hierro y el plomo. También podremos ver las numerosas aplicaciones industriales y científicas que ha tenido este metal a lo largo de la historia.

El sótano está dedicado a la representación de la historia de las minas con sus episodios más relevantes. También se recrea mediante luz y sonido, representando una carreta de bueyes y la bodega de un galeón de los que hacían el trayecto hacia América, la dificultad que suponía transportar el líquido metal desde Almadén hasta América.

Una de las puertas de acceso al recinto de Almadén se la conoce con el nombre de “Puerta de Carlos IV” del cerco de Buitrones de Almadén, fue construida en el siglo XVIII.

Dicha puerta es de estilo neoclásico con rasgos barrocos y claro significado simbólico de poder, similar a las puertas de entrada a las grandes ciudades, realizada con materiales de la zona (ladrillo visto).

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