El Monolito del Collado de los Tres Mojones

Publicado el Por Almadenysusrincones
Collado de los Tres Mojones

El Monolito del Collado de los Tres Mojones o como visitar tres comunidades autónomas en cuatro pasos.

Collado de los Tres Mojones
Collado de los Tres Mojones

Cuenta la leyenda que en un tiempo en que reinaba las Españas la regente María Cristina, en nombre de su discutida hija Isabel, uno de sus ministros creyó conveniente modificar los límites de las provincias del Reino. Chillón y su aldea de Los Palacios de Guadalmez, que siempre habían pertenecido a Córdoba desde que fueran conquistadas por Fernando III, iban a pasar ahora a formar parte de la provincia de Ciudad Real, heredera de la antigua provincia de La Mancha, por considerar que sus fronteras administrativas eran poco operativas en el nuevo esquema racionalista y francés que impregnaba la mentalidad de los ministros liberales de la regente. Había que acabar con unas divisiones arcaicas y arbitrarias heredadas de la Edad Media. Por tanto, la villa y su aldea cambiaban de administrador sin apenas ser conscientes de ello.

Quienes sí conocían bien las reformas de los límites provinciales y sus consecuencias eran los gobernadores de las provincias afectadas, en nuestro caso los gobernadores de Ciudad Real, Córdoba y Badajoz; y para festejar tan magno acontecimiento decidieron reunirse los tres y regalar su apetito con un delicioso cordero bien regado en vino de la tierra. El problema se originó a la hora de determinar dónde celebrar tan agradable ágape, ya que ninguno de los tres estaba dispuesto a renunciar a su papel de anfitrión, y sentirse un simple convidado en tan inolvidable ocasión. Las tensiones surgidas por la elección idónea del lugar del acontecimiento estuvieron a punto de acabar con la comida, y ni siquiera la fina diplomacia de la época aportaba cordura a la disputa. Fue el gobernador de Córdoba, el que estando en estas cavilaciones, fijó su vista en el mapa de España que colgaba de las paredes de su despacho y acto seguido escribió dos misivas con el encargo de que llegasen urgentemente a sus destinatarios.

Aquella mañana había despertado con un frío viento del norte que abrazaba al valle y se llevaba los sonidos de miles de ovejas que pastaban en las dehesas. Sobre un collado se podían distinguir las siluetas de los tres gobernadores y del resto de funcionarios que les acompañaban, ante la mirada atónita de los pastores del lugar. Estaban preparando lo que parecía una hoguera, mientras un pastor se encargaba de degollar un tierno cordero. A los gobernadores se les veía risueños y dicharacheros, y asentían a todo aquello que el gobernador de Córdoba les contaba:

– «…pues sí, cuando contemplé el mapa de nuestra gloriosa nación y las siluetas de nuestras provincias hermanas, me fijé en el punto donde las tres se encontraban y pensé que esa sería la mejor solución…»

Al final resultó que los tres dignatarios se salieron con la suya, pues pudieron saborear juntos el cordero que se asaba lentamente en la hoguera, permaneciendo cada uno de ellos en su provincia, y no teniendo, por tanto, que soportar la humillación que suponía para todos ellos el considerarse un simple invitado y no el anfitrión. Eso sí, cada uno en el vértice que le era propio y sin imaginarse siquiera en pisar territorio ajeno.

Los pastores que fueron testigos con sus propios ojos de aquella imagen, relataron a sus hijos, y éstos a los suyos, que todo ello había sido cierto, y que si algún incrédulo dudaba de la veracidad de la historia, podía él mismo acercarse al collado, fácilmente reconocible porque era el único que tenía tres mojones divisorios de mármol, y levantar un montículo de piedras. Allí podría observar los huesos del pobre animal que aquellos tres presuntuosos glotones habían devorado.

Hasta aquí lo que nos enseña la leyenda, pero la Historia, que no desmiente este relato, nos explica el acontecimiento de una manera menos novelesca. Todo ello en un contexto histórico bastante convulso y en el que se llevarán a cabo muchas de las reformas que hoy día configuran el Estado Español.

El inicio del siglo XIX marcará para la aldea el comienzo de su pertenencia a la Corona. Atrás han quedado ya aquellos años de jurisdicción Señorial y Guadalmez entra en lo que los historiadores han vendido en llamar Edad Contemporánea.

El primero en plantear la necesidad de reformar las estructuras administrativas de todo el Estado será el rey José I Bonaparte, quien, a imitación de su tierra natal, Francia, dividirá el país en 38 Prefecturas «… queriendo establecer de un modo uniforme el gobierno civil de los pueblos del Reyno…» , y por Decreto firmado en Sevilla el 17 de abril de 1810 creará la Prefectura de Ciudad Real, a la que atendiendo a sus límites, parece que pasan a formar parte Chillón y su aldea de Guadalmez:

«…Al Sudeste. Con la Prefectura de Córdoba. Sus límites el río Guadalmez desde su embocadura en el Zuja hasta su nacimiento, que se halla al S. de Fuencaliente, y muy próximo al río de las Yeguas, hasta el qual debe prolongarse la línea divisoria… Al Oeste. Con la Prefectura de Mérida: de la qual la separa el río Bullaque…pasa al O. de Saceruela, de Aldea de Valdemanco y de Agudo, y al E. de Puebla de Don Rodrigo, de Tamurejo y de Garlitos, y se termina en el punto donde se une al rio Zuja al rio Guadalmez.

Superficie de esta Prefectura 557,9 leguas cuadradas de 20 al grado…»

Si bien, esta nueva división será meramente teórica, ya que el país se encuentra inmerso en plena «Guerra por la Independencia», iniciada un 2 de mayo de 1808 por el pueblo de Madrid y que llevará a la caía del hermano de Napoleón, el rey José I y de todas sus reformas. Ante el trono vacío de la Monarquía Hispánica, el pueblo español se dota de su primer texto constitucional, la Constitución de 1812, promulgada un día de San José en Cádiz y que deberá ser jurada por el Rey Fernando VII si quiere volver a recuperar la Corona. Acaba de nacer la Nación Española.

Pero Fernando no se encuentra a gusto como monarca parlamentario y con la ayuda de los sectores más tradicionales, devolverá España a una Monarquía Absoluta, aunque brevemente y tras el Pronunciamiento de Riego, La Constitución de 1812 volverá a tener vigencia en el periodo que se ha venido en llamar Trienio Liberal (1820-1823).

Son en estos años de ilusión y de reformas racionales, cuando se vuelve a retomar el tema de la División Administrativa, ahora en Provincias, y en esta línea unas Cortes Extraordinarias, celebradas un 27 de enero de 1822, determinan una nueva división provincial del territorio español con el fin, según su artículo I de :

«… disponer el cumplimiento del artículo 11 de la Constitución, en que se manda hacer una división mas conveniente del territorio español por una ley constitucional; y en vista del proyecto de división remitido por el Gobierno por lo respectivo á la Península é islas adyacentes, las Cortes decretan, con calidad de provisional, la división de su territorio en las provincias que á continuacion se expresan….».

Y al describir los límites de la provincia manchega, en el apéndice número I del citado decreto nos encontramos con que la villa de Chillón y su aldea de Los Palacios de Guadalmez vuelven a abandonar el reino cordobés para formar parte de la nueva provincia de Ciudad Real:

«…El meridional tiene su principio en este punto; y atravesando el Zujar, sigue por su orilla derecha hasta cerca del castillo de Madroniz, desde donde se dirige á buscar el rio Guadalmez por debajo de Palacios de este nombre en la confluencia con el Valdeazogues, que pasa por Almaden…»

Pero al igual que con la anterior división, ésta tampoco se llevará a efecto, al quedar nuevamente suspendida la Constitución y no será hasta una década después, y mediante el Real Decreto de 30 de noviembre de 1833, cuando definitivamente desaparezcan los antiguos reinos y España se estructure en Provincias, gracias a las reformas político- administrativas del ministro Javier de Burgos.

Con este decreto firmado por la Regente María Cristina, Los Palacios de Guadalmez pasarán a formar parte, ahora sí, de la provincia de Ciudad Real, tras su publicación en el Boletín Oficial de la Provincia nº 40 de jueves 26 de Diciembre de 1834, y tal y como les fueron leídos sus límites al Concejo de la aldea:

«… El límite O. desde este punto lo forman este río y el Guadiana hasta encontrar la antigua línea divisoria de esta provincia con la de Extremadura, por la cual continúa hasta la confluencia de los ríos Zuja y Guadalmez.
El límite S. empieza en este punto, y va á buscar el río Guadalmez al S. de Palacios de Guadalmez; sigue su márgen izquierda hasta el peñon de la Cruz á buscar el límite antiguo de esta provincia con la de Córdoba…»

Desde esa misma fecha, el 26 de diciembre de 1834, el Collado de Los Tres Mojones se convertirá en el punto donde se unen Andalucía, Extremadura y Castilla La Mancha, o lo que es lo mismo, los valles de Los Pedroches, La Serena y Alcudia.

La idea de erigir un monolito que dignificara el punto donde se unen las tres Comunidades Autónomas, surgió de la Asociación Cultural Leandro Niño de Guadalmez, dentro de los actos y proyectos que se estaban desarrollando dentro de la conmemoración del V Centenario de la Carta de Censo de 1516, y a ella se unieron los alcaldes de las tres localidades implicadas: El Viso (Córdoba), Capilla (Badajoz) y Guadalmez (Ciudad Real). El diseño del monolito fue realizado por dos miembros de la mencionada asociación, Victoria León y Fuencis Menino, la obra de albañilería corrió a cargo de Fulgencio Gordillo, la de forja se la debemos a Luis Muñoz, y los escudos de los municipios, en cerámica, fueron ejecutados por un taller de Talavera de la Reina. El Monolito del Collado de los Tres Mojones fue inaugurado por los alcaldes de los tres municipios en el año 2015

POR CARLOS MORA, CRONISTA OFICIAL DE GUADALMEZ (CIUDAD REAL)

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