La fortaleza musulmana de Kabbal

Publicado el Por Almadenysusrincones
La fortaleza musulmana de Kabbal
La fortaleza musulmana de Kabbal contaba con varios recintos defensivos no concéntricos, concretamente tres, que cercaban una superficie próxima a las dos hectáreas. Podríamos hablar, así, de una alcazaba de tamaño medio que encerraba un alcázar en la parte más elevada. Básicamente, la fortificación se componía de tramos de muralla unidos por torres, con un primer cuerpo levantado con mampostería del lugar, al que se superpone un cuerpo de tapial que remata por su parte externa en un parapeto del mismo material para la protección de los defensores de la fortaleza, y tras éste, un camino de ronda por el que circulaba la guardia, también llamado adarve.
Uno de los objetivos perseguidos en las últimas campañas de excavación en el Cerro del Castillo es el reconocimiento y la valoración de esta fortaleza, junto con la recuperación de alguno de sus tramos amurallados para poder ser visitada. Y a tal fin realizamos un sondeo en 2019 sobre un tramo del recinto musulmán exterior. Durante los trabajos, realizados por los alumnos de la Escuela Profesional Al Serna, tuvimos la suerte de encontrar un enterramiento realizado directamente sobre el camino de ronda de la muralla, con la consiguiente sorpresa dado lo insólito del hallazgo, pues no es habitual el uso de la parte caminable de un muro defensivo como lugar de enterramiento, y hasta donde sabemos, este sector del yacimiento no se utilizó como lugar cementerial. Además, también resultaba muy interesante el momento en el que debió realizarse la inhumación, inmediatamente antes de la ruina de la muralla musulmana, ya que la disposición del cuerpo se hizo directamente sobre el suelo del adarve y alineado con el parapeto de tapial, por tanto, sin que hubiera dado tiempo a que la muralla se hubiese colmatado. En otras palabras, el enterramiento se hizo cuando la muralla estaba en uso.
Los restos aparecieron en posición decúbito supino, con orientación Sureste-Noroeste (cráneo-pies respectivamente), y cráneo orientado al Este; la extremidad superior izquierda se encontraba semiflexionada sobre el abdomen y la derecha extendida en paralelo al cuerpo. El enterramiento carecía de fosa, y el inhumado fue cubierto con algunas piedras y tierra, siendo amortizado todo el conjunto tiempo después por la propia ruina de la muralla. Asociados a la inhumación se identificaron tres objetos: un fragmento de cadena de hierro, una masa de hierro amorfa, y la punta de un dardo de ballesta -también llamado virote- idéntico a los que venimos encontrando en otras zonas del yacimiento en el contexto de abandono de la ocupación musulmana, y tipológicamente fechable entre los siglos XII y XIII.
Según el estudio antropológico-forense, elaborado por Doña María Fortuna, “(…). Los objetos o materiales recuperados asociados al cuerpo, podrían ser portados por el individuo de manera ante mortem. La cadena podría formar parte de los enseres personales. El virote, que se localizó muy próximo y alineado con la mano derecha, podría haber estado sujeto por la mano del individuo en el momento de la muerte a través de la estructura de madera que compondría este objeto. En cuanto a la masa metálica localizada bajo la parte superior de la caja torácica, puede estar relacionada con algún traumatismo o la causa y circunstancias del deceso, al presentar adherido un pequeño fragmento de hueso. (…). El individuo inhumado responde a un sujeto de sexo masculino, con una edad de muerte entre los 35-40 años y estatura de 1,67m”. No obstante, no se documentaron traumatismos.
En cualquier caso, las circunstancias del hallazgo, como son la ausencia de fosa -y, por tanto, la premura e improvisación de la inhumación- o la disposición directa del cuerpo sobre el camino de ronda, junto con el contexto estratigráfico, invitan a contemplar este enterramiento en relación con el asedio castellano de 1226. Aunque los rituales musulmanes de enterramiento establecen la preferencia de que el cuerpo sea depositado tumbado sobre su lado derecho orientado al Este, tampoco es extraño que el cadáver sea depositado en posición decúbito supino con el rostro mirando al Este. Y, en este sentido, un dato importante es el de la posición de los brazos; se conocen ejemplos de cementerios andalusíes en los que los cuerpos son inhumados en posición decúbito supino, los hombres con el brazo izquierdo sobre la pelvis, mientras que en el caso de mujeres y niños los brazos se sitúan a ambos lados del cuerpo.
Sea como fuere, todo apunta a que se trata de un enterramiento improvisado realizado con premura, circunstancias que se justificarían en ese contexto de asedio en el que, según la Crónica latina de los Reyes de Castilla, el ataque a la fortaleza no se interrumpió, ni de día y de noche.
Cuidaos mucho.
Fuente: Ayuntamiento de Capilla
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