Puebla de Alcocer

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Puebla de Alcocer, situada en la falda sur de la Sierra de los Lares, es una localidad próxima a Herrera del Duque, antiguo feudo de los Duques de Osuna. Antaño denominada “Aldeavieja”, su ubicación actual se sitúa por encima del lugar que ocupase en otros tiempos. Un repaso a su historia nos arroja datos como que en la Edad Media esta población, junto con la mayor parte de la comarca, fue cedida a la Orden de Alcántara tras la reconquista, después de haber sido ocupada por los árabes, cuyo poso cultural quedó patente en la localidad, sobre todo en lo que al ámbito de la arquitectura se refiere. Puebla de Alcocer se erige por tanto en una mezcolanza de influencias cristianas y musulmanas —que ejemplifica incluso su nombre, pues “Alcocer” bien puede derivar de la palabra árabe “Al-Qusayr”, que significa “ciudad amurallada”—, otorgándole a la localidad un innegable atractivo resultado de esta singular fusión. Pero no son estos los únicos vestigios históricos que perviven en esta bella población. En el exterior de la villa podemos encontrar algunos restos interesantes, como el denominado “Castillo Viejo” —Un conjunto de ruinas de la época cartaginesa—, así como el  yacimiento romano de Lacimurga Constantia Iulia”, situado en las proximidades.

Zona de suelos pizarrosos y serena belleza, de terreno accidentado al que adapta su caserío, Puebla de Alcocer cuenta con no pocas viviendas construidas en base a mampostería y piedra, lo que arroja una imagen compacta y uniforme, sobre todo en lo que concierne en aquellas situadas en las proximidades del Castillo-fortaleza de Puebla de Alcocer, edificado sobre una antigua fortaleza templaria y que constituye por sí mismo el monumento más característico de la localidad. Dicho castillo, cuya construcción fue ordenada por los Maestres de la Orden de Alcántara, data del siglo XV y contiene elementos mudéjares. Gutierre de Sotomayor, maestre de dicha orden, ubicó este baluarte sobre una loma, a consecuencia de lo cual se puede disfrutar de unas extraordinarias vistas desde el mismo, en especial desde la llamada “Torre del Homenaje”, que aún se conserva en buen estado. El paso de los siglos y la dejadez en su cuidado afectaron al baluarte, lo que obligó a realizar labores de reconstrucción durante el siglo XX para solventar el deterioro al que se veía sometida la fortificación, abocada a la ruina de no haberse efectuado estos trabajos. Al pie del castillo, encontramos también la Ermita de la Virgen de la Cueva, escondida en una gruta en las peñas de la colina. Al igual que el castillo, por su elevación sobre un alto picacho, domina los inmensos horizontes de la comarca.

Dejando ya las afueras del pueblo y adentrándonos en su núcleo urbano, encontramos la Iglesia de Santiago —originariamente una mezquita árabe—, de estilo gótico-mudéjar, con ábside e imafronte de ladrillo, y que data del siglo XV. Dicha iglesia cuenta con interesantes elementos decorativos poco frecuentes en la fusión de estilos que acabamos de citar, amén de una elegante portada plateresca. Incluye también numerosos frescos del S.XIII en adelante, una losa con los restos del célebre viajante Fray Fernando de Moraga —apodado no en vano como “el segundo Marco Polo—, así como una obra del pintor ruso Boris Lugososkcoy. En la citada Iglesia recibió sepultura el ya mencionado Gutierre de Sotomayor, cuyo primogénito fue I Vizconde de Puebla de Alcocer, y cuyo nieto primogénito, nacido también en Puebla de Alcocer, renunció a todo título y fortuna para llevar una vida humilde y convertirse en el Santo conocido como Fray Juan de la Puebla. Frente a esta iglesia encontramos una plaza recoleta cuyos pasadizos enlazan con las calles de esa área. Otra edificación religiosa destacable es el Convento de San Francisco, habilitado en la actualidad como Museo Etnográfico —ubicado en las antiguas bodegas del convento— y provisto de una iglesia de grandes dimensiones, otro de los lugares que supuestamente que alberga los restos del ya citado maestre Gutierre de Sotomayor, aunque sin que se conozca el enclave exacto donde se hallan, pues carece de sepultura. No son estos los únicos vestigios funerarios que se hallan en este enclave, pues también alberga una gran losa que antaño contuviera el cuerpo del rey Pedro I. Se encuentran también en esta ubicación otros elementos interesantes, tales como una imagen de la Virgen Dolorosa que data del S. XVIII, un Cristo Yacente del S.XVII o un patio mudéjar. Otro convento es el de las monjas agustinas, también conocido como Convento de la Visitación, que cuenta con un notable claustro. Además encontramos dos ermitas, la Ermita de San Antón y la Ermita de San Isidro, en torno a la cual se celebra una romería en mayo, y que cuenta en su interior con imágenes de San Isidro Labrador y la Virgen de Fátima. Más allá de estas construcciones del tipo religioso, encontramos los edificios de uso civil, entre los que se halla el Ayuntamiento, ubicado en plena Plaza Mayor, la llamada Plaza de España, en la que se encuentra también el antiguo Palacio de los Duques de Osuna, reconvertido en la actualidad en la Casa de la Cultura —que alberga entre sus estancias el Museo del Gigante Extremeño, la Biblioteca Municipal “Fray Juan de la Puebla”, el Archivo Histórico Municipal y la extensión universitaria UNED—. Entre las viviendas del núcleo urbano se hallan construcciones en ladrillo y tapial, así como en sillería. Es reseñable la excelsa cantidad de casas solariegas de las que dispone el pueblo, tales como la Casa de la Inquisición, la Casa de los Arévalo, la Casa de los Calderones, la Casa del Comendador, la Casa de los Sólo de Zaldívar, la Casona de San Juan de la Puebla o la Residencia del Duque de Osuna.

La proximidad de embalses —como el Embalse de La Serena o el Embalse de Orellana—, así como una laguna en sus proximidades muy frecuentada en época estival, constituyen solo algunos de los principales atractivos turísticos de Puebla de Alcocer, además de ser una magnífica oportunidad de ocio para encarar los calurosos veranos de este paraje. A colación del agua podemos avistar también numerosas fuentes manantiales dispersas por la localidad, muchas de ellas potables y otras meramente ornamentales, que presentan nombres tan diversos como “El Camino” “Oñamira”, “El chorro” o “El Bonal”, Al margen de esta interesante condición, no podemos obviar las celebraciones tradicionales, tales como la Semana Santa y sus desfiles procesionales, el Corpus Christi, las Luminarias de San Sebastián —o “Santobastián” como popularmente se las conoce—, Las Candelas en honor a la Virgen de la Candelaria, Chaquetía —en la festividad de Todos los Santos—, la Feria Agroganadera de Mayo o las fiestas que se celebran en Agosto en honor a la patrona de la localidad, la Virgen Del Rosario. Todas estas cuestiones ofrecen al visitante diversas alternativas para disfrutar de la zona, sin que pueda obviarse la gastronomía local, entre la que destacan platos como el ajoblanco, las migas de pastor, el salmorejo, el “escarapuche”, originario de la localidad de Peloche, pero importado también a esta población. Para endulzar la degustación, se puede disfrutar de postres como los canelones y las candelillas. Destacar por último la producción de aceite de oliva autóctono, e incluso bebidas propias como el vino de pitarra y el llamado “chapurrao”, una mezcolanza de aguardiente, canela en rama, azafrán, hierba luisa y azúcar.

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