Motilla del Azuer, el pozo más antiguo de la Península Ibérica

Cuesta atinar con las palabras que describan el conjunto arqueológico de Motilla del Azuer, sin duda el yacimiento más importante de la Edad del Bronce en Castilla La Mancha (2200-1300 a.C.) A vista de pájaro, semeja un laberinto espigado y circular, y a vista de científico, obedece a una tipología única y poco menos que insólita en la Prehistoria: las motillas, una elevación artificial en medio de un espacio circundante llano. En el patio trapezoidal se encuentra el pozo de agua. Es la estructura hidráulica más antigua de la Península Ibérica.

Cuenta con muros de piedra de más de ocho metros de altura. El agua, entonces como ahora, rara vez caía del cielo en la zona y aquellos hombres del pasado tuvieron que excavar nada menos que 14 metros para encontrarla.

Los habitantes de la zona por aquel entonces sufrieron una prolongada sequía hace 4.000 años que hizo que las aguas superficiales prácticamente desaparecieron de los ríos y arroyos. Esto les llevó a construir en esta región una red de pozos para abastecerse del agua almacenada en los acuíferos más someros.

Atienza (Guadalajara)

Situada en la Serranía Norte de Guadalajara, Atienza es cruce de rutas importantes de sus lares: la del Cid, la del Románico Rural y la del Quijote.

Cultura, caminos y sales.

El Castillo, situado en la parte más alta del pueblo, es el monumento más representativo de Atienza. Utilizado por los celtíberos y luego por los árabes que construyeron una fuerte alcazaba, fue reformado por los cristianos tras la Reconquista. Durante la Edad Media cambió de manos numerosas veces entre los siglos IX y XI. Fue ocupado por Alfonso III, por Almanzor y por Sancho García, entre otros, para ser definitivamente tomado por Alfonso I de Aragón, Rey consorte de Castilla por su matrimonio con Urraca I. Es nombrado en El Cantar de Mío Cid, refiriéndose a él como “peña muy fuerte”.

El Puzzle de los colores de otoño mas espectacular.

Reportaje fotográfico de la variedad de colores de los árboles en otoño guarda relación con la fotosíntesis, es decir, el proceso por el que la clorofila de las hojas transforma agua y dióxido de carbono en alimento. En verano, las plantas verdes fabrican grandes dosis de clorofila.  Pero cuando llega el invierno y los días se vuelven más cortos la producción de esta sustancia verde se reduce. Y empezamos a ver otros pigmentos. Los carotenoides, por ejemplo, necesarios para capturar la luz del sol, dan a las hojas un color amarillo, a veces dorado intenso. La antocianina, presente solo en árboles como el roble escarlata o en algunos arces, genera tonos que van del rojo al púrpura.

Los colores de esta estación son más intensos cuando los días de otoño son soleados y las noches son frías pero la temperatura no desciende por debajo de los cero grados. Si no sucede así, las hojas mueren y se vuelven marrones.

Las Cábilas o El Peralejo

Chillón, en donde está ubicado el ruinoso caserío de Las Cábilas, con la aldea de Los Palacios de Guadalmez o simplemente Guadalmez, fue un municipio perteneciente hasta 1833 al llamado por entonces Reino de Córdoba, cuando el motrileño Javier de Burgos divide España en provincias, por Real Decreto del 30 de noviembre de ese mismo año, en las provincias actuales, salvo el caso de Las Palmas -que se crea en 1927 con Primo de Rivera-, en ese momento se incluye Chillón con su aldea en la recién creada provincia civil de Ciudad Real. (En 1927 la aldea de Guadalmez alcanza el título de villa independiente de Chillón). Hasta aquel año, 1833, el término municipal de Chillón formaba como una especie de cuña incrustado por un lado entre la provincia de La Mancha, con Almadén como localidad más próxima; por otro lado con la provincia de Extremadura -más concretamente la Baja Extremadura-, que pasará a nominarse a partir de esa fecha provincia de Badajoz, con las poblaciones más cercanas de Capilla y Peñalsordo; y por último, su limitación con otro término municipal del propio Reino de Córdoba, el de Santa Eufemia, que pasará a llamarse ese mismo año provincia de Córdoba.
Si hacemos esta sencilla descripción geográfico-histórica es por situar al curioso lector que se acerque al conocimiento de un territorio sumamente rural y agreste en el que hoy en día se conservan las derruidas casillas, que un día fueron habitadas por unas 20 familias, casi todas de “el Pueblo” como sinónimo de Peñalsordo.
En la actualidad tan sólo son ruinas desperdigadas donde crecen eriazos y en las que no hace tantos lustros existió una vida muy activa e intensa.

Cueva de los muñecos

Reportaje fotográfico.

En el término de Abenójar, junto al río Hojalora y justo antes de que llegue a desembocar en el Tirteafuera, la cueva de los muñecos constituye una de las mayores representaciones subterráneas con formaciones kársticas, dentro de la provincia de Ciudad Real. Cuenta con un recorrido de unos 800 metros (de los cuales unos 250 son relativamente accesibles), durante los cuales se puede apreciar las características formaciones que se dan en este tipo de cuevas: estalactitas, estalagmitas, columnas, etc. Sigue leyendo Cueva de los muñecos

El Palacio de la Vega de San Ildefonso (Palacio de Moret)

Don Segismundo Moret y Prendergast, político liberal español, que fue Presidente del Gobierno, y ocupó casi todas las carteras ministeriales, salvo las de Guerra y Marina, en la búsqueda del sosiego y la tranquilidad que la Villa y Corte no le permitía, vino a establecerse en la Vega de San Ildefonso y erigir un bello palacio neoclásico, para pasar en él determinadas temporadas al año, siempre que su apretada agenda política se lo permitiera. Para ello, y tras el periodo de las desamortizaciones, adquirió la dehesa de la Vega, que en 1748 comprara D. Pedro Iturriaga con la aprobación del rey Fernando VI, e hizo construir un conjunto de edificaciones en la confluencia de los ríos Valdeazogues y Guadalmez, constituidos por un edificio central palaciego de estilo neoclásico, muy al gusto de la alta burguesía madrileña de finales del siglo XIX, y rodeado por una serie de dependencias de estilo popular, como cuadras, granero, viviendas y una pequeña ermita de planta rectangular con fachada en ladrillo visto y rematada por una espadaña típica. El palacio se comenzó a construir en 1889, bajo la dirección de Ruperto Ramírez, que también era el arquitecto de las minas de Aldea Moret (Cáceres). A tenor de lo publicado por la mayoría de los principales diarios del país tras su muerte, D. Segismundo Moret intentó hacer de la Vega de San Ildefonso, un ejemplo de gestión agraria, gracias a los adelantos científicos que en materia de agricultura se estaban produciendo a finales del siglo XIX: Sigue leyendo El Palacio de la Vega de San Ildefonso (Palacio de Moret)

Los baños del Emperador

Reportaje fotográfico.

Estas piscinas formaban parte de un complejo de baños medicinales de finales del siglo XIX y principios del XX, situado en un “hervidero”, como muchos de los que existían en el Campo de Calatrava en esa época.

Estos manantiales ya eran conocidos por los romanos como lugar donde se tomaban las aguas medicinales. En la actualidad, son dos pequeñas piscinas de piedra, en las que sorprende el bullir de las aguas. Estas burbujas son el gas, que no siempre aparece en la superficie de los manantiales, ya que puede haber salidas difusas en el entorno, que en su conjunto fuerzan la acumulación de CO₂ en las pequeñas hondonadas.

Se les conoce también como “los Baños o Hervideros de Trujillo”, que es el apellido de la familia que en la segunda década del siglo XX adquirió el balneario en estado ruinoso para volver a ponerlo en explotación, junto con la adaptación de un viejo cortijo con habitaciones para hospedarse y consultas médicas para los baños.